Muerte de una mujer en el tren
Se sabe que era mayor. Quizá 60 años. Puede que menos. Pero lo que es seguro es que le fallaron las fuerzas a menos de 100 metros de abandonar el horror. Había partido el sábado por la mañana de algún lugar de Kosovo. Con seguridad de Pristina o de Urosevac (a mitad de camino entre la capital kosovar y la frontera macedonia). Como otros miles, tomó un tren abarrotado hacia el exilio. Quince vagones con más de 300 albanokosovares en cada uno de ellos. Sin apenas aire, la mujer sin edad dejó de respirar tras más de dos horas hacinada en un tren del que no la permitieron descender los militares serbios en la estación de Djeneral Jancovik. La última vez que se la vio, sus familiares cavaban una tumba, obligados por los militares serbios, para enterrarla a pocos metros del andén.


























































