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Estudiantes contra la soledad

Pura García y José Leyva forman una extraña pareja. Viven juntos desde hace ocho meses. Y a pesar de su gran diferencia de edad -ella está a punto de cumplir 84 años y él ronda apenas los 32- disfrutan de una buena relación. José cuida los achaques de Pura. Le hace compañía y, cuando es necesario, la acompaña al médico. A cambio, ella cocina y le proporciona una habitación donde estudiar. Pero, a diferencia de otras parejas, ellos no fueron unidos por un cura o un concejal. La suya es una relación de interés mutuo bendecida por la Universidad de Granada. Esta institución docente estableció de forma pionera en el curso 1991/92 un programa de alojamiento alternativo para sus alumnos en casas de personas mayores. Este sistema cuenta con el apoyo de la Consejería de Asuntos Sociales y trata de hacer frente a dos problemas: la dificultad de los estudiantes para encontrar vivienda y la soledad de los mayores. Casi la tercera parte de los 60.000 alumnos de la Universidad de Granada proceden de pueblos de la provincia y de otras localidades andaluzas. Según el Vicerrectorado de Estudiantes, la gran demanda de alojamiento provoca un aumento de los precios y una disminución de la calidad de la vivienda. Pero quienes participan en este programa no sólo buscan un lugar donde cobijarse. Algunos lo hacen por solidaridad o por vivir experiencias que ellos consideran importantes. Los mayores adscritos al programa recurren a él porque se sienten solos, sufren una enfermedad y necesitan ayuda y compañía. Ayer se reunieron en el Colegio Mayor Isabel la Católica las 24 parejas que se han formado este curso, para compartir impresiones y ahondar en los beneficios y perjuicios de la convivencia. El vicerrector de Estudiantes, Víctor López, asegura que el programa de alojamiento alternativo ha respondido a las expectativas, aunque es necesario potenciarlo. "Su principal enemigo es la reticencia de la persona mayor a vivir con un joven al que no conoce y viceversa. El mayor prejuicio se da cuando a una mujer se le propone vivir con un varón", explica. El éxito del sistema, sin embargo, se observa a final de curso. "Se generan vínculos casi familiares, y las personas mayores se resisten a la idea de que sus inquilinos no vuelvan porque hayan acabado la carrera", añade el vicerrector. La mayoría de los demandantes de la tercera edad son mujeres solteras o viudas. En el caso de los estudiantes, los solicitantes son más heterogéneos. Acuden tanto varones como mujeres, alumnos de disciplinas diversas y sin una edad fija. Existen, no obstante, muchas peticiones de algunos de los mil marroquíes matriculados en la Universidad de Granada. Tras la solicitud de afiliación al programa, la institución docente y la Consejería de Asuntos Sociales forman las parejas, vinculando los perfiles más compatibles. Víctor López asegura que la concesión no se realiza en función de criterios económicos. Sin embargo, la Universidad apoya con becas y dinero al dúo. "A nuestros alumnos le damos ayuda para libros y comida. Y con los mayores colaboramos en el pago del consumo de electricidad y agua", comenta. El resto de gastos y tareas domésticas suele compartirse entre el casero y el inquilino. Aunque, como en el caso de Pura y José, el primero no permite trabajar mucho al alumno: "Él me cuida como un hijo y yo sólo quiero que estudie y saque su carrera".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 25 de mayo de 1999

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