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CAOS EN EL TRÁFICO AÉREO.

A más hormigón, menos viajes

El Ministerio de Fomento cuenta con un programa para ampliar el aeropuerto madrileño, denominado plan Barajas, dotado con 165.000 millones de pesetas. De esta cantidad, una mínima parte (1.500 millones) tienen como destino mejorar el control aéreo. El resto se ha dedicado o se dedicará al hormigón. Sin embargo, los problemas de Barajas no están en tierra, sino en el espacio aéreo que está congestionado. De hecho, el aeropuerto alcanzará a finales de año los 75 movimientos (ahora logra 64), pero en el aire no caben más aviones ya que el espacio nacional e internacional está colapsado.

Los numerosos equipos de Rafael Arias-Salgado -en tres años ya ha tenido tres directores generales de AENA y dos directores de Barajas- han realizado hasta ahora una tercera pista (30.000 millones), que es la más larga de Europa, y una nueva torre de control (1.300 millones). Aún se encuentra pendiente la nueva terminal (entre 40.000 y 60.000 millones), que acumula ya dos años de retraso y dos cambios de ubicación sin que haya salido de los planos.

Además, AENA se gastará cerca de 15.000 millones en el aislamiento acústico de las viviendas afectadas por la ampliación del aeropuerto, aunque las enormes protestas vecinales de los municipios cercanos al aeródromo pueden obligar a cambiar de nuevo el proyecto.

Con la tercera pista en funcionamiento, Arias-Salgado anunció el fin del caos. Pero se equivocó. El caos estaba en los cielos. Hace más de cinco meses que se inauguró y Barajas ha sufrido en abril el mayor atasco de su historia. Nunca se han conocido índices de impuntualidad tan enormes.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 21 de abril de 1999