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"En este mundo podrido siempre pagan los pueblos pobres"

Jerez de la Frontera

Tiene 40 años y lleva 12 de ellos autoexiliado de su país, Argelia. Es el embajador internacional de un estilo musical, el raï, que es ya símbolo de liberación para muchos. Se sabe un privilegiado por vivir en París la dulce bohemia y poder gozar de una buena mariscada en un hotel de Jerez. Pero, sin deshacer la sempiterna sonrisa, tampoco le tiembla la voz a la hora de afirmar con rotundidad en contra de los fanatismos de todo tipo: "Si todas las religiones comienzan por el amor y Dios es amor, ¿por qué tiene que venir un hombre a ponerme en contra de ese amor? Yo no aguanto que venga ningún fascista o fanático a joderme".Khaled, al que ya se le ha desprendido el Cheb (joven) de su nombre artístico, manifiesta estar encantado de engrosar la nómina de participantes en el festival Espárrago Rock de este año: "Siempre estoy tratando de entrar en contacto con el mayor número de gente posible; de establecer complicidad con artistas muy diferentes".

Su talante abierto le viene seguramente por lo cosmopolita de la ciudad que le vio nacer, la argelina Orán. De España, en concreto, sabe mucho: "Me encantaban las películas de Joselito. Las veíamos por televisión porque, aunque en aquellos tiempos no había antenas parabólicas, los días de tiempo muy despejado mi madre me hacía subir a la azotea a mover la antena para captar las ondas de la televisión española". Siempre medio en broma, Khaled afirma recibir noticias de allí: "Creo que ahora proliferan los cabarés en Orán. Eso es también porque molestará a los integristas".

Añoranza

Khaled cita varias veces en la conversación a su familia y a Orán. Siente nostalgia: "Muchísima, porque llevo ya doce años fuera de allí. En Barcelona hace poco me encontré con unos paisanos y estuvimos toda la noche de juerga añorando la patria. Al día siguiente mis músicos estaban preocupados porque no conseguían encontrarme".Tiene también el autor de Didi y Aissa unas palabras para la guerra que se está viviendo en la antigua Yugoslavia: "Éste es un mundo podrido en el que al final los que terminan pagándolo todo son los pobres: el pueblo. Tras la guerra de Irak y el posterior bloqueo económico, Sadam Husein sigue en el poder y me temo que lo mismo va a pasar con el serbio Milosevic. ¿Por qué no intervinieron los norteamericanos en Ruanda? ¿Acaso será porque allí no había negocio?".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 4 de abril de 1999

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