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FÚTBOL 26ª jornada de Liga

Viejos problemas, viejas soluciones

El Madrid arregla sus errores defensivos con la pegada de sus estrellas en el Sardinero

El Madrid arregló sus problemas habituales con los recursos de costumbre. Su defensa volvió a actuar con una inconsistencia extrema en el primer tiempo, pero el equipo decidió llevar el partido al terreno contrario y se llevó la victoria. Cuando el encuentro fue cosa de habilidad, llegada y gol, el Madrid demostró de nuevo el calibre de su arsenal.El problema del Madrid es que mantiene sus viejas constantes. Tiempo atrás sus dificultades pasaban por el leve espesor del equipo, mal cosido y descompensado. Tenía pegada, pero su mandíbula era de cristal. No había rigor en lo táctico y no existía una respuesta de los jugadores ante la adversidad. El Madrid se convirtió en un equipo liviano, sujeto al ingenio de algunos futbolistas.

Racing- Real Madrid: 1-3

El Madrid arregló sus errores defensivos con la pegada de sus estrellas en el SardineroRacing: Marcos; Tais, Mellberg, Arzeno, Sietes; Víctor, Ismael, Shustikov (Salva, m. 83), Amavisca (Geli, m. 64); Munitis y Bestchastnij (Magallanes, m.64). Real Madrid: Illgner; Iván Campo, Hierro, Fernando Sanz (Suker, m. 46); Jaime (Sanchis, m. 62), Redondo, Roberto Carlos; Karembeu, Raúl, Jarni; y Morientes. Goles: 1-0 M. 30. Redondo pierde el balón, el Racing lanza el contragolpe hacia Munitis, cuyo centro es rematado por Ismael. 1-1. M. 51. Tiro de Roberto Carlos, Marcos no puede atrapar la pelota y Raúl aprovecha el rechace. 1-2. M. 73. Espectacular tiro de Roberto Carlos. 1-3. M. 83. Internada de Roberto Carlos que corona Davor Suker con un remate a la escuadra. Árbitro: Pérez Lasa. Amonestó a Tais, Víctor, Roberto Carlos, Morientes, Iván Campo, Jaime, Hierro y Jarni. 17.000 espectadores en el estadio del Sardinero.

Toshack ha dedicado su tiempo a buscar soluciones de emergencia al desequilibrio. Lo ha intentado con diversos sistemas, siempre procurando favorecer la fiabilidad defensiva. Pero no hay manera. El Madrid no encuentra su identidad y mantiene sus viejas constantes: máxima debilidad defensiva y contundencia de sus figuras. De Raúl especialmente, o de Roberto Carlos, que representó todas las constantes del Madrid. El lateral brasileño sufrió un calvario en el aspecto defensivo, pero su contribución en la victoria resultó crucial.

Con el interés de cuidar todos sus puntos débiles, el Madrid pretendió un partido decididamente táctico. El Rácing, también. Está en la manera de ser de su entrenador, que no quiere otras aventuras que las de Munitis. En el aprovechamiento de su habilidoso delantero reside la fortuna del Racing.

Munitis llegó al partido en condiciones precarias, con una rodilla inflamada y el temor a exponerse en los choques. Pero su concurso volvió a ser decisivo. En su actuación hubo una particularidad añadida. Cuando se trata de marcajes, lo normal es destinar a un defensa sobre un delantero, con la voluntad de disminuir el riesgo de daños. Esta vez se produjo una decisión a la inversa. Munitis buscó a Fernando Sanz, convencido de sacar petróleo a pesar de sus problemas físicos. En ese duelo le iba la vida al Racing, porque en el resto del mapa todo estaba atadísimo. Presión, líneas juntas y un juego que quedaba muy lejano de las porterías.

En el primer tiempo, el partido todo quedó pendiente de algún error (y en eso Fernando Hierro protagonizó unos cuantos en el arranque del encuentro) y del duelo Sanz-Munitis, con la colaboración de Roberto Carlos, que tardó en acudir a la ayuda del central madridista en dos jugadas que le dejaron descolocado frente a la velocidad del delantero santanderino del Racing.

Munitis esperaba cada balón en los tres cuartos. Sanz le perseguía, y allí terminaba prisionero de la astucia de Munitis, que cambiaba el paso, ganaba dos metros y salía como un tiro en el desmarque.

En su primera intervención fue derribado por Hierro en el área, pero el árbitro no concedió el penalti. El segundo desmarque fue gol. Redondo perdió la pelota, el Rácing tiró el contragolpe por medio de Bestchastnij, y Munitis hizo el resto. Se escapó de Sanz, Roberto Carlos llegó tarde a la intercepción y el centro fue rematado de manera impecable por Ismael.

El Madrid sufrió el impacto del gol. Hasta el final del primer tiempo, anduvo entre despistes, con signos evidentes de desconfianza en su defensa y con poca llegada al área del Rácing.

El problema se terminó en el segundo tiempo. Toshack retiró a Sanz y metió a Suker, una medida que elevó notablemente las prestaciones de sus equipo, que entró en una dinámica que conoce mejor.

El Madrid está integrado por una suma de individualidades que apenas conocen los deberes colectivos. Para lo bueno y para lo malo, es un equipo sin respuestas tácticas, anárquico en el mejor de los casos, caótico en el peor.

Pero en todo caso, se siente más cómodo sin ataduras, pendiente del ingenio que brota aquí y allá.

En el caso de Raúl surge tan a menudo que se ha convertido en la solución a todos los males. Su gol sirvió para empatar un partido que se inclinó ya irremediablemente hacia el lado madridista. El Racing perdió el orden y entró en la dinámica preferida por el Madrid: un partido descosido, sin control, perfecto para gente como el brasileño Roberto Carlos, que intervino en los tres goles de su equipo. En el primero hizo el disparo cuyo rechace aprovechó Raúl. El segundo lo anotó él mismo a la salida de un saque de esquina, con un potentísimo disparo con la izquierda que cruzó el portal racinguista. Y en el tercero se plantó al bordel del área para forzar un rebote que aprovechó Suker.

Si Raúl es una presencia inevitable, Roberto Carlos es un síntoma. Cuando el encuentro se volvió banderizo, el lateral brasileño se sintió en la gloria y lanzó al Madrid a una victoria que explica su situación. Vive entre extremos. Entre su miseria defensiva y la poderío de sus estrellas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 14 de marzo de 1999