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FÚTBOL 26ª jornada de Liga

El Atlético se desangra

El Mallorca se beneficia de la depresión rojiblanca y gana en el Calderón sin demasiado esfuerzo

Más allá de sus carencias futbolísticas, que son evidentes, lo que mata al Atlético es su espíritu actual: apagado, desangelado, sin una pizca de entusiasmo. Tienen los rojiblancos una plantilla corta de talento, andan escasos de fuerza y les cuesta seguir un plan, pero lo que verdaderamente les condena es su estado de ánimo, que definitivamente es una variable capital en el fútbol. No se tiene fe el equipo, que salta al campo con cara de perdedor, dispuesto a deprimirse al primer contratiempo. Juega el Atlético dando demasiadas pistas de que se teme lo peor, y lo peor le acaba sucediendo. Su situación ya es desesperada. Tras la derrota de ayer, suma un punto de los últimos 21 posibles. Y cuesta escapar de estadísticas tan rotundas. De todo ello, casi sin querer, se benefició el Mallorca, que creció un poquito más en la tabla gracias a la bondad de la reunión. Más por deméritos del rival, que por grandeza propia.El Atlético apareció con una silueta novedosa, forzado en parte por los descansos europeos -Aguilera, Toni y Juninho- y en parte por lo de siempre, la falta de delanteros. Carlos Aguiar solventó el panorama esta vez con Baraja de medio centro, Valerón y Jugovic en la media punta, y la saludable aparición de Fortune en la banda izquierda. Y el invento amagó con funcionar. El Mallorca no acababa de asentarse en el campo y Héctor Cúper se desgañitaba desde la banda para colocarlo. Pero los rojiblancos no tardaron en confirmar su fatalidad: después de lanzar dos avisos contra el portal de Roa, un centro inofensivo de Stankovic desde la izquierda les puso en desventaja. Chamot pifió en el despeje, la pelota se envenenó y acabó en la red. No hubo respuestas de rabia en el Atlético. Al contrario, todos los jugadores contestaron al desafortunado lance con caras de estaba claro que esto iba a pasar. En vez de cabreo, se vio resignación.

ATLÉTICO-MALLORCA: 1-2

Atlético: Molina; Geli, Santi, Chamot, Serena (Juninho, m.56); Roberto, Baraja (Tevenet, m.78), Fortune; Valerón, Jugovic; y José Mari.Mallorca: Roa; Olaizola, Marcelino, Siviero, Carreras; Lauren, Engonga, Paunovic (Niño, m.89), Stankovic; Dani (Soler, m.57) y Biagini (López, m.76). Goles: 0-1. M.8. Stankovic centra desde la izquierda y Chamot pifia el despeje. El balón se envenena y dibuja una parábola que sorprende a Molina. 1-1. M.19. Valerón abre a la izquierda para Fortune, que se va de Olaizola y centra de rosca; José Mari, que llega a la carrera, volea con la zurda a la red. 1-2. M.30. Lauren centra a media altura desde la derecha, Molina y Geli responden con pasividad al envío y Paunovic, después del bote de la pelota, cabecea a la red. Árbitro: Mejuto González. Mostró tarjeta amarilla a Geli, Marcelino y Lauren. 33.000 espectadores en el Vicente Calderón.

Por Fortune, que no estaba dispuesto a dejarse impregnar de la tristeza general, el empate llegó rápido. El surafricano corrió su banda y empezó a meter en problemas desde allí al Mallorca. En una de sus incursiones, regaló una rosca acaramelada que José Mari acompañó con una volea tremenda. Fortune hizo vivir diez minutos esperanzadores al Atlético, que por momentos se creyó a punto de una jornada tranquila.

Pero no, en su segunda visita al área de Molina, tan inocente como la primera, el Mallorca dejó en evidencia al Atlético, que dio peligrosas señales de absentismo defensivo. Lauren cruzó un centro a media altura desde la derecha y nadie, pese a que la pelota incluso botó, acertó a despejarlo. Finalmente Paunovic, aprovechándose de la pasividad de Geli, metió la cabeza para el gol. El Atlético supo en ese preciso instante que había perdido el partido. Y si el resultado estuvo teóricamente en el aire hasta el final fue más culpa del Mallorca, de su conservadurismo, de su manía en administrarse, que de una igualdad real.

En el Atlético, cada uno empezó a hacer la guerra por su cuenta.

El equipo se descolocó, distanció sus líneas de manera suicida y dio muestras de una desconcentración intolerable. No todos por igual, pero los jugadores fueron dimitiendo del asunto. Al Mallorca, que durante la primera media hora sí montó contragolpes ambiciosos, con media docena de jugadores subiendo en tromba tras cada recuperación de balón, después de que Paunovic rematara al larguero en otro regalo de la defensa, le pareció suficiente. Y vivió a la defensiva toda la segunda parte, muy en el papel que más le gusta, también el que probablemente más le va. Aguiar lo probó todo tras el descanso para revertir la tragedia -sacó a Juninho, volvió a usar a Roberto como delantero centro, bajó a Fortune al lateral, metió a Baraja por la izquierda, a Valerón por la derecha, a Jugovic de medio centro...-, pero todo resultó en vano. Sólo el brasileño anunció algo de peligro con sus regates eléctricos. El Mallorca conservó el resultado como quien se fuma un cigarro. El Atlético le echó ganas, mas volvió a confirmarse incapaz. Su crisis es grave. Los resultados le han abandonado y su hinchada, que de momento simplemente protesta airada, amenaza con unirse a la fuga.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 14 de marzo de 1999