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La receta casera de la fortuna

Una peña de Lorca (Murcia) gana 1.200 millones de pesetas en un sorteo de la Lotería Primitiva confiando en un libro de apuestas

Una noción elemental de estadística, la consulta a uno de esos libros que garantizan premio seguro, y un buen puñado de ilusión aderezada con persistencia. Es la receta casera para conseguir 1.200 millones de pesetas en un juego de azar. No es infalible, pero a la gente humilde integrante de una peña de Lorca (Murcia) le dio buen resultado el jueves en el sorteo de La Primitiva. Germán Coronel, uno de los peñistas afortunados, es autor de la combinación ganadora. Durante tres meses realizó un seguimiento de los números que salen con más frecuencia en el bombo, luego se compró un manual, "de esos que prometen premios multimillonarios", y se puso a trabajar en el asunto. Sobre 13 números, los más repetidos en La Primitiva, realizó tres combinaciones de ocho dígitos. Una de ellas fue la ganadora, la que reportó casi 34 millones a cada uno de los 34 integrantes de la peña, la que devolvió la esperanza a varios de los apostantes que engrosan la amplia lista de parados de Lorca, y la que ayudará a esta treintena larga de familias a salir adelante con holgura."Son gente humilde, buenos trabajadores, a los que este golpe de suerte les va a cambiar una vida de apuros y sacrificios", comentaba ayer el alcalde de Lorca, el socialista Miguel Navarro, quien no dudó en sumarse a la fiesta el jueves por la noche en el bar Las Brasas, emplazado en el corazón del popular barrio lorquino de San José Obrero. "Mañana, todos a trabajar", les dijo el regidor a unos agraciados ebrios de felicidad. La fiesta se prolongó hasta las siete de la mañana de ayer.

Uno de lo afortunados, Alén Sánchez Moreno, está inscrito en tres listas: la del paro, la de un centro sanitario de Murcia -espera desde hace meses una intervención quirúrgica de rodilla- y la de la peña Las Brasas. Ahora, la suerte le permitirá abrir un pequeño negocio y operarse por la vía de urgencia. Lo que haga falta.

Onofre Guerrero, de 32 años, regenta el bar donde la peña rellenaba semanalmente el boleto. "Llevamos tres años repitiendo los mismos números sin éxito, hasta que Gaspar nos dijo, a principios de este año, que tenía un método para ganar el premio", relató Onofre. La peña confió en la receta casera del compañero, y ayer le querían hacer un monumento en el barrio. Fue precisamente Gaspar el que vio en el teletexto del bar, el jueves por la noche, que su combinación era la ganadora, y que el premio superaba los 1.000 millones de pesetas, récord en la región de Murcia y uno de los más cuantiosos que La Primitiva ha repartido en el país.

Y la resaca no sólo fue millonaria. "Hemos terminado con las reservas de bebida del bar", indicó el dueño del Las Brasas, aún aturdido por la noticia. A varios de los premiados les supo a poco los 1.200 millones. "Mañana repetimos", comentaron con socarronería, ya que el boleto agraciado también participa en el sorteo de hoy.

Treinta y cuatro millones para 34 hombres. "No es que seamos machistas, pero en el grupo no hay ni una sola mujer", subrayó uno de los apostantes. "Somos todos buenos amigos, clientes de un bar que no es frecuentado por mujeres", apuntó. La hija del regente del establecimiento, una niña de un año, asistía atónita a la fiesta. No entendía nada, pero estaba contenta de ver a sus padres felices.

La propietaria de la administración de lotería número 7 de Lorca, que selló la papeleta, Isabel Vidal Suárez, se resarció del mal trago que pasó hace dos años, cuando devolvió uno de los grandes premios del sorteo de El Niño de la Lotería Nacional. Su satisfacción era doble, pues la mayoría de integrantes de la peña son padres de familias modestas del barrio San José.

"Todavía es pronto para saber lo que haré con el dinero", dijo otro de los agraciados. "Lo que está claro es que voy a salir del bache", apuntó después de salir de una sucursal de Caja Murcia, donde el mismo jueves por la noche quedó depositado "sin compromiso" el boleto. El director de esa oficina fue el más avispado de los banqueros que merodearon por el bar. El resguardo no se escapó de su caja fuerte.

Todavía ayer por la tarde llovían las felicitaciones de los vecinos y clientes del bar, que permanecía cerrado después del jolgorio del jueves. Los agraciados, calculadora en mano, hacían cuentas para saldar hipotecas. "Por fin nuestro santo, san José, se acordó de los obreros", exclamó la mujer de uno de los afortunados.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 20 de febrero de 1999