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Cartas al director

Bibliotecas

Las prestaciones de la Biblioteca de Castilla-La Mancha en Toledo a las que se refiere EL PAÍS del 1 de febrero, página 32, dan envidia porque su homóloga -la Biblioteca de Andalucía-, situada en Granada en cuatro plantas de un edificio construido ad hoc, con unos 6.000 metros cuadrados de superficie y varios kilómetros de estanterías con importantes libros, abre al público sólo de diez de la mañana a dos de la tarde, de lunes a viernes. Un horario tan restringido y un espacio de tiempo tan exiguo dificultan la consulta de sus excelentes y abundantes fondos. Aparte, se ha impedido a los lectores el acceso directo a muchísimos libros; por ejemplo, los de la revista Al Andalus o el Memorial Histórico Español, antes al alcance de la mano, ahora alejados del usuario. La situación de penuria cultural e investigadora a que nos aboca la Biblioteca de Andalucía, con sus cuatro horas diarias de apertura, llega al extremo de obligar al lector que ocasionalmente puede asistir por las mañanas a subir a pie tres pisos y recorrer largos pasillos colaterales, mientras que el ascensor directo a la sala de lectura queda para uso exclusivo de los funcionarios. Nada de esto sucede en la de Castilla-La Mancha, cuyo presidente autonómico, señor Bono, se enorgullece de su biblioteca, mientras el señor Chaves o su consejera de Cultura no parecen sentir lo mismo de la suya, y permiten un despilfarro por infrautilización provocada. Así, como no es sostenible un horario cercenado en una biblioteca del valor de la de Andalucía, esperamos el pronto restablecimiento del horario vespertino, para bien de la ilustración, ya bastante depauperada, de los granadinos y demás andaluces.-

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