Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
CARTAS AL DIRECTOR

Opositores "versus" tribunales

¿Quién no conoce a un opositor...? Todo el mundo tiene un amigo, primo, tío o vecino que oposita. Su vida es siempre terrible: estudia doce horas diarias, no sale, no se relaciona, engorda, está mal de los nervios; en definitiva, no tiene vida y afecta a su personalidad. Pero lo peor de todo es que esta descripción se ajusta mucho a la realidad que viven los opositores, el tipo de exámenes les encamina a llevar una vida de este estilo, o "no hay forma de sacarse la oposición".Ya es suficientemente dura esta situación como para que, encima, los tribunales les traten como meros números, concretamente en las oposiciones a juez y fiscal. El sistema funciona de tal manera que no se les asigna un día concreto para realizar el examen, sino que cada opositor tiene que hacer una estimación de cuándo le toca según los condicionantes del tribunal que se le adjudica. Estos condicionantes son, por ejemplo, el número de opositores que suele convocar ese tribunal por día, si convoca los viernes o si los examinadores son aficionados al fútbol (pues no es extraño que, un día de partido, un tribunal, sorprendentemente, no convoque). Pero estos determinantes son subjetivos, y puede ocurrir que un tribunal que nunca convoca los viernes ni a diario por la mañana, deje en el contestador, el jueves por la noche, que convocará al día siguiente por la mañana y por la tarde, con el agravante de que los exámenes se realizan en Madrid para toda España. De esta forma, una persona de Sevilla, por ejemplo, se entera a las cuatro de la mañana (cuando deja de comunicar el maldito contestador) de que está convocado al día siguiente, cuando él/ella pensaba que le tocaba el miércoles. En consecuencia, después de estar estudiando 12 horas y siendo las cuatro de la mañana, empieza a despertar a familiares y amigos para que cojan el coche de madrugada y le lleven a Madrid para estar a las nueve de la mañana ante el tribunal (sin dormir, claro).

Reconozco que debe ser difícil examinar a tanta gente, pero ¿es tanto pedir un mínimo de respeto y que se convoque a la gente un día determinado?-

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 3 de febrero de 1999