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Alegoría con tricornio flotante

Inés Sabanés, candidata de IU a la alcaldia, critica la escultura de la Guardia Civil que quiere plantar el PP en Chamartín

El alcalde de Madrid, José María Álvarez del Manzano, del PP, conserva la "extraña virtud de superarse permanentemente a sí mismo". Lo murmuraba ayer la candidata de Izquierda Unida a la alcaldía de la capital, Inés Sabanés, con el boceto del último (o penúltimo) proyecto escultórico del Ayuntamiento de Madrid entre las manos. Los gobernantes capitalinos preparan un gran conjunto alegórico sobre la Guardia Civil para instalarlo en el mismo epicentro del parque de Berlín (Chamartín). El portavoz de IU en el distrito, Gerardo del Val, lo llama "mastodonte franquista". Y Sabanés, tras mucho observarlo, termina extrayendo conclusiones demoledoras. "La Violetera tenía un trago. La efigie de Goya es un verdadero horror. Pero esta estatua, si se confirma, se colocará en lo más alto de la clasificación de espantos municipales", apunta con una mueca en el rostro.El conjunto en cuestión puede gustar más o menos, como todo en este mundo, pero nadie podrá decir que surge con ánimo de pasar inadvertido. La elipse central de la obra se eleva hasta los 15 metros de altura -el equivalente a una vivienda de cinco pisos-, y la escalinata de la base suma 12 metros de longitud. En el centro mismo de la composición, un tricornio de tamaño gigante, levita sobre un aspa. Y a los lados, sendas escenas resaltan los valores del benemérito cuerpo: a la derecha, dos agentes auxilian a un herido; en el extremo opuesto, otros dos posan ante los paseantes del parque de Berlín con un perro adiestrado a sus pies.

Sabanés admite que la Guardia Civil atesora valores indudables, pero no cree que una mole en el centro de un parque público sea la mejor manera de agradecérselos. "El instituto armado debe procurar una mejora de su relación con la sociedad civil. Sospecho que un homenaje de estas características puede generar justo el efecto contrario", apuntó la cabeza de lista de IU. Y añadió: "Esta ciudad necesita espacios de convivencia, lugares comunes y emblemáticos para el disfrute de niños y viejecitos. El Gobierno municipal ha suplantado esta necesidad por la siembra desordenada de fuentes y más fuentes ornamentales. Su único criterio es la falta de criterio".

47 monumentos

Desde el arranque de la presente legislatura, en 1995, el Ayuntamiento ha inventariado 47 nuevos monumentos, según consta en un reciente informe municipal. Es decir: las autoridades locales inauguran, de media, una docena de ornatos al año. Y casi siempre con valores estéticos controvertidos.Los adornos favoritos del ejecutivo municipal son, sin duda, las fuentes. Desde aquellas elecciones de 1995 a la actualidad, el agua mana a borbotones en 17 nuevos puntos de la ciudad. Alonso Martínez, Embajadores, Pirámides, plaza de Castilla, plaza de Francisco Largo Caballero, plaza de la Asamblea de Madrid... El criterio está claro: ahí donde hay una glorieta, también cabe un surtidor. O varios.La nómina, con todo, no está cerrada. El pasado mes de abril, cuando el alcalde presentó la tercera fase de su plan de reforma de plazas, ya adelantó que afectaría a 16 glorietas. Todas ellas, sin excepción, se han diseñado con ornato acuático incorporado. A lo largo del año se sumarán a la nómina de fontanas las de las plazas de Francos Rodríguez, Marqués de Vadillo, Fernández Ladreda o Ramales. "Lo de poner fuentes responde a la tradición madrileña", explicó entonces el concejal de Obras de la ciudad, Enrique Villoria.

La aludida relación de 47 monumentos se completa con diez "grupos escultóricos", nueve estatuas (Goya, la princesa de Yaiza, Manolete...), siete columnas y obeliscos, tres lápidas y una "puerta o arco triunfal", la rehabilitada Puerta de San Vicente. A ello hay que sumar algunos ejemplares extramunicipales, como la estatua del Papa que el arzobispado encargó a Juan de Ávalos, autor del Valle de los Caídos, para la catedral de la Almudena.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 20 de enero de 1999