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CARTAS AL DIRECTOR

Mercadillo de Algorta

El motivo de esta carta es denunciar un desagradable caso que me sucedió el pasado sábado en el mercadillo que se celebra cada semana en el barrio de Getxo en Algorta. El hecho tuvo lugar en un puesto en el que compré un pijama, por valor de milochocientas pesetas, para lo que entregué a una dependienta joven un billete de cinco mil pesetas. Ésta dio el billete a la dueña del puesto, a la que pidió en voz alta las vueltas de cinco mil. En primer lugar, esta dependienta me devolvió sólo doscientas pesetas, y me quedé a la espera de las tres mil restantes. Para desagradable sorpresa mía, la señora me dijo que únicamente le había dado dos mil pesetas, y que no tenía que devolverme nada más. Cuando le pedí que comprobase la cantidad que le di, la señora empezó a gritar queriendo hacer creer que yo la pretendía engañar, poniéndome en evidencia ante todo el público para ver si así yo me marchaba de allí sin mi dinero y para mas inri, avergonzada. Para más indignación, incluso la dependienta joven que había comprobado el valor del billete se puso en mi contra, mintiendo entonces descaradamente y montando un espectáculo para avergonzarme. Por si fuera poco, en ese momento y ante mi asombro y perplejidad, también el hijo de la dueña comenzó a increparme, insultarme y a reírse de mí, cuando indignada y viendo la injusticia que se estaba cometiendo conmigo, rompí a llorar de impotencia. Me dirigí a los responsables del mercado para explicarles la situación. Estos señores se portaron con una corrección y una diligencia exquisita, muy disgustados con la actitud de la señora del puesto, que al parecer, suele hacer este tipo de actuaciones con frecuencia. Inmediatamente me devolvieron las tres mil pesetas de un fondo común de todos los comerciantes del local, aunque les aseguro que en ese momento el dinero no era lo más importante para mí, sino el mal rato que pasé. A mí únicamente me ha quedado esta vía para expresar la enorme rabia, indignación e impotencia y tristeza, con la que salí del mercado aquel sábado, tras sufrir una experiencia por la que estoy segura que habrán pasado más personas, seguramente chicas jóvenes como yo, a las que este tipo de personas sin escrúpulos logran intimidar y amedrentar fácilmente. Solo lamento que un incidente aislado de este tipo, pudiera poner en entredicho la actitud honrada de la gran mayoría de comerciantes de este mercado, que ganan su pan con su trabajo diario, y quienes son los más interesados en evitar que incidentes como éste vuelvan a repetirse.- María M. Alfonso. Algorta.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 30 de noviembre de 1998