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Condena de casi un siglo de cárcel para el asesino de tres comerciantes en Sevilla

Su propia confesión y la saña con la que ejecutó los homicidios de tres comerciantes sevillanos han llevado a los jueces que se encargaban del caso a condenar a Luis Roa con toda la dureza que les permite la ley: un total de 98 años y cinco meses de arresto mayor y algo más de 58 millones de pesetas entre indemnizaciones y multas. No existían pruebas materiales de que él fuera quien le quitó la vida brutalmente y mientras disfrutaba del Tercer Grado penitenciario a Juan José Rodríguez Leyva, Luis Mejías y José Luis Morgal. Sin embargo, los indicios eran abrumadores (se le vio merodeando por los alrededores antes y después de los crímenes, un modus operandi prácticamente idéntico y una relación de amistad o, al menos, cercanía con las víctimas) y su confesión tan extensa y completa que llegó a ayudar a la policía a encontrar elementos clave de los crímenes que habían pasado desapercibidos anteriormente. Ante estos hechos, la estrategia de la defensa de anular la confesión se diluyó como un azucarillo a los ojos de los jueces Julio Márquez de Prado, Pedro Izquierdo Martín y María Paz Malpica. El caso del secuestro de la niña por el que también se le juzgaba era harina de otro costal, ya que el padre de la misma le identificó cuando pagó el rescate. Un punto que llamó la atención de los encargados de juzgarle fue la saña con la mató a estas tres personas, ya que, como probaron los peritos, los últimos golpes recibidos por las víctimas fueron los mortales, mientras que los otros un martirio decidido por Roa.

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