Dulcificar el canto
Miguel Poveda hace un cante dulce, sin asperezas, fundamentalmente melódico. Es una evolución en su quehacer perceptible desde su histórico triunfo en La Unión en 1993. Cada vez más, el cantaor suaviza el grito y la queja para elaborar un cante cuidadosamente medido y matizado. Su cante es pura música, acariciadora, intimista. Es casi un cante para compartir confidencias, que establece complicidades entre quien lo ofrece y quien lo recibe. "Voz de caramelo", dijo en una de las coplas que cantó.Pero quede claro que el suyo es un cante de muchos quilates. Sentido y sensible, entrañable, como todo lo que va muy dentro del ser humano. Poveda canta, también, con un gusto que prevalece sobre cualquier otro recurso expresivo, y especialmente sobre aquellos tan comunes en el flamenco que implican gestos y gritos desaforados. El cantaor mira dentro de sí, y dulcemente nos muestra su corazón. Quizás no en todo momento llega a transmitirnos emoción, pero sí belleza. Le acompañó muy bien un joven Juan Diego. Sin florituras, siguiendo atentamente al cantaor.
Miguel Poveda
Cante: Miguel Poveda. Toque: Juan Diego. Percusión: Isaac.Colegio de Médicos, 7 de noviembre


























































