Metro
La primera estación de la complicada historia del metro sevillano estaba situada en Madrid. Pero Madrid, en 1986, cuando en los dominios socialistas no se ponía el sol, le dio el carpetazo y la cerró por cuestiones económicas con la aquiescencia del gobierno municipal hispalense, la Junta de Andalucía y el Gobierno central. Para los amigos de las efemérides y las paradojas históricas quiero recordarles que dicha reunión se celebró en la capital del reino un día 28 de febrero, recibiendo Sevilla como regalo, en tan andaluza fiesta, la automática paralización del proyecto. Desde entonces para acá, el metro sevillano no ha sido otra cosa que la historia de una frustración ciudadana, el argumento principal de una confrontación entre la política local y la constatación impetuosa de que a la ciudad se le mide en Madrid con otro metro diferente que el usado con Valencia o Bilbao, esté quien esté en el Ministerio y en la plaza de San Francisco. La Junta acaba de incluir en sus presupuestos mil millones para el proyecto del metro hispalense, tras una resolución del Parlamento andaluz donde se coligió la necesidad de dicho transporte para la ciudad. Los políticos, que al menor descuido se daban con el metro en la cabeza, ya no tenían otra opción ante sus votantes. Cada vez que abrían la boca para hablar del metro lo hacían para acusar al de enfrente y endosarle la culpabilidad de su estacionamiento político. El metro se convirtió, bajo este estado de cosas, en el dedo que mejor se metía en el ojo del contrario. Con esos mil millones de la Junta, el PSOE se limpia la mancha de grasa del metro non nato de 1986 y lo deja en manos de Madrid y de las influencias que sobre el Ministerio tenga la alcaldesa Soledad para sacar el proyecto adelante. Nuevamente la primera estación del metropolitano hispalense parte del centro político español que, hasta el momento, en cuestiones de transportes ferroviarios, suele dejar los proyectos en vías muertas. Ahí está el AVE malagueño y vamos a ver qué pasa con el metro sevillano. Eso sí, con Barcelona es distinto. Busquen si no la foto sonriente de Pujol el pasado septiembre con 35.000 millones de pesetas bajo el brazo para el metro de Barcelona.
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