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REVISTA DE PRENSA

Un gran canciller

Francfort

Hoy se ejecuta la sentencia democrática: Helmut Kohl abandona la cancillería. El político profesional ha dado al pueblo lo que era del pueblo, la alternativa de confirmarle o rechazarle como jefe de Gobierno. Al no haber dimitido del cargo entre dos elecciones, ha mostrado respeto por los electores y asumido la posibilidad de la derrota. Kohl no ha dejado su cargo por impotencia, no ha sido desalojado de su puesto por los socios de coalición o por los miembros de su propio partido, sino por aquel poder por el que ha mostrado un respeto incondicional: el poden soberano en el sentido de la Constitución. (...) En materia de política exterior, los historiadores alinearán a Kohl con Bismarck, Stresemann y Adenauer. Al igual que ocurrió con todos sus predecesores, su caída se explicará por razones de política interior pero ¿es que hay alguien que pueda saldar con éxito un desempeño de más de un decenio en ese ámbito? Pese a que pudiera parecer que el inquieto ámbito de la política internacional cambia con más rapidez que la situación interior, la transformación interna se lleva a cabo a través de la participación de millones de personas, sin rupturas pero ininterrumpidamente. (...) El denominador común de la nueva mayoría no ha sido la indignación hacia Kohl, sino una tibia decepción. Kohl ha hecho histórico su paso por la cancillería por su voluntad de poder, tenacidad y sentido de la perspectiva. Ha quemado a aliados, movilizado y finalmente paralizado a su partido. Ha conseguido que el mundo perdiera el miedo frente a una Alemania unida y que ésta no le perdiera el respeto al mundo; (...)

, 26 de octubre

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 27 de octubre de 1998