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Tribuna:

El naufragio penal

La tarde de ayer fue una clase magistral del arte del naufragio penal. El profesor fue el abogado José Lozano, letrado que sigue el guión de su cliente, Mariano Gómez de Liaño. El testigo Luis Alfonso Díaz de Orueta, que había mantenido el tono de una declaración moderada, fue afirmando su versión a medida que el letrado intentó atacarle con la tesis de que todo lo que hizo Gómez de Liaño en los años locos con el grupo Euman-Valyser fue hecho en su carácter de letrado.Díaz Orueta se vio envuelto, de repente, en una situación absurda, esto es, tener que afirmar, como si fuese un acusador, que Gómez de Liaño era "la palabra de Conde" y que les daba a él y a Francisco Cuesta "instrucciones" que tenían que ver más con los negocios que con el día a día de la sociedad. Como Lozano hostigó sin habilidad a Díaz Orueta, el cuadro final empeoraba a ratos. Bastaba ver las miradas de Mario Conde y sus comentarios ante su amigo Enrique Lasarte para saber lo que estaba pasando. Una cosa es que aflore cada vez más la participación de Gómez Liaño en el tinglado Euman-Valyser, y otra es que se oiga en la sala de juicio: "La palabra de Mariano Gómez de Liaño era la palabra de Conde", según dijo Díaz Orueta. En otras palabras, que en el citado tinglado, como en Suiza, están Conde y Gómez de Liaño. Entre otros.

Fue José Rofes, en nombre de Arturo Romaní, quien intentó desacreditar a Díaz Orueta, cuenta habida que su declaración comprometía a Romaní, cuando preguntó al testigo si seguía trabajando en Banesto. "Sí", contestó Díaz Orueta.

Fueron las de Cuesta, Díaz Orueta y Díez de Rivera, tres declaraciones de interés en el juicio oral. Muy instructivas sobre el montaje.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 27 de octubre de 1998