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ELECCIONES EN EL PAÍS VASCO

El PP reclama a Aznar y a Mayor Oreja para empujar su campaña

La tregua de ETA ha complicado la campaña electoral en Euskadi porque ha monopolizado los debates y ha trastocado las previsiones. Esa rigidez se nota mucho en el PP y en el PSE. Antes del anuncio de la tregua, el PP tenía la campaña hecha, casi sin mojarse y con muy buenas perspectivas. Los estrategas populares aceptan que el escenario es ahora muy distinto. El PP vasco reclama la presencia casi permanente de José María Aznar y de Jaime Mayor Oreja para empujar sus opciones. Aznar ha añadido otro acto con jóvenes a los previstos. El ministro prefiere pasar más desapercibido.

El presidente Aznar acude esta mañana a la feria de muestras de Bilbao en su primer acto dentro de la campaña oficial de estas elecciones, aunque ya abarrotó el frontón de Anoeta (San Sebastián) en la precampaña, cuando su partido presentó las candidaturas. El aforo de hoy es de unas 3.000 personas y ya hay acreditados casi 120 periodistas.Esta visita de Aznar y la que realizará seguro al final de la campaña no son casuales. Nuevas Generaciones del PP ha cerrado, además, otro acto con el presidente para probablemente el día 16, en el que se rodeará de unos 600 jóvenes en un centro cultural de Vitoria. Si dependiese únicamente de los deseos de los responsables del PP vasco, Aznar fijaría este mes su residencia en Euskadi. Así lo han pedido. También han requerido un más continuado respaldo físico del ministro del Interior, Jaime Mayor Oreja. Son conscientes de que Mayor, presidente muchos años del PP vasco y en realidad su refundador, no puede ofrecerles más apoyo moral y político, pero le quieren ver en persona en todos los actos que su agenda lo permita.

Los estrategas del PP, sin embargo, no tienen claro si un desembarco constante de Aznar y Mayor Oreja es bueno para la imagen y los intereses de sus candidatos. Algunos piensan que no. Porque se podría producir una identificación demasiado evidente de dependencia con el Estado y con las instrucciones que emanan de Madrid y no de Euskadi. Este peligro es más evidente todavía en el caso de Mayor, el líder inequívoco del PP vasco.

Aznar, el PP y La Moncloa han ajustado al máximo sus agendas para que el presidente viaje hoy a Bilbao y otras dos veces más antes del cierre de la campaña. La figura de Aznar sirve, además de para que el PP intente rentabilizar electoralmente los logros del Gobierno central y sus millonarias inversiones, para movilizar a las bases y a los simpatizantes del partido. En el PP son conscientes de que muchos de sus votantes potenciales se abstienen y se quedan en casa cuando se dilucida una contienda autonómica. En las anteriores autonómicas de 1994 votaron al PP en el País Vasco casi 70.000 electores menos que a Aznar en las generales de 1996.

Este hecho no ocurre únicamente en Euskadi, pero aquí adquiere una relevancia si cabe mayor al estar casi establecido que las probabilidades de éxito de las formaciones estatales pasan sólamente porque vote más del 70% del electorado.

Tras el anuncio de la tregua de ETA, el PP ha optado por una de las más suaves estrategias de campaña de los cuatro escenarios estudiados. Ahora se busca llamar a la participación y luego, en segundo término, pedir el voto. Los populares temen que el auge de los nacionalistas, como anuncian algunas encuestas, se plasme tras las elecciones en el Parlamento y en el Gobierno y que a continuación tome cuerpo la Declaración de Lizarra (Estella), que abre la vía a reivindicaciones hasta ahora de HB, como la autodeterminación.

Las encuestas del propio partido, cuyos datos y conclusiones les explicó hace unos días en Bilbao el sociólogo Pedro Arriola, les sitúan junto al PSE y en torno a los 12 o 13 escaños. Esa subida de una o dos actas no es tan importante como, por ejemplo, que el mayor porcentaje de los sondeados exprese su mayor rechazo a un hipotético gobierno PNV-PP, incluso por encima de uno entre PNV y PSE.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 10 de octubre de 1998

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