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Crítica:ÉTNICA

Rosa del Nilo

Una voz sedosa, dúctil y tierna. Rasha se ha cortado el pelo y se suelta. Cantando de pie, tras un armatoste metálico, que sostiene el pandero y la darbuca, parece sentirse menos desprotegida. Hasta reparte sonrisas. Hay que ver cómo ha crecido la joven sudanesa en cosa de un año. Se la recuerda acercándose una tarde a este periódico para su primea sesión fotográfica. Con timidez y cierto temor a dejar que el fotógrafo captara su imagen. Acababa de publicar su primer disco, Sudaniyat, y andaba preocupada por cuestiones de subsistencia.En su país, el más extenso del continente africano, y convulsionado por 15 años de guerra civil y un régimen militar e integrista, conviven la cultura del África negra y la árabe. Así que su música es una mezcla de ambas: melodías y letras algo melancólicas y ritmos más alegres.

Rasha

Rasha Shekheldin (voz); Eliseo Parra (laúd y guitarra), Patxi Pascual (saxo y flauta), Miguel Lacomba (bajo eléctrico), Ass El Hadj (percusión africana), Lillian Castillo (teclados).Galileo Galilei. Madrid, 25 de septiembre.

Una reseña elogiosa en The New York Times y una entusiasta crítica en Folk Roots: por primera vez, un africano se proyecta desde aquí hacia el resto de Europa y Estados Unidos. Porque Rasha, que canta canciones populares como la contagiosa Azara alhai (Mozas del barrio) -en la que un enamorado pregunta a las muchachas por su amada, a la que no conisgue ver-, es vecina de Madrid. Y el grupo que la acompaña -dos madrileños, un vallisoletano, un senegalés y una cubana-, mantiene un interesante equilibrio entre lo tradicional y lo moderno.

Resulta difícil no caer rendido ante una voz como la suya. Aprovechemos que Rasha está con nosotros: cualquier día nos la quitan.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 28 de septiembre de 1998