Brasil mantiene la apuesta de Cardoso

La crisis financiera que ha asestado un golpe de consecuencias imprevisibles a la economía brasileña no ha supuesto un revés a las expectativas electorales del presidente Fernando Henrique Cardoso ante los comicios del 4 de octubre. Todo lo contrario, sigue siendo el candidato favorito. La última encuesta difundida esta semana le otorga una diferencia de 27 puntos con respecto a su principal adversario, Luis Ignacio Lula da Silva, candidato de la alianza de izquierda que lidera el Partido de los Trabajadores (PT).

Si se tiene en cuenta que un punto en las encuestas equivale a un millón de votos, las expectativas del presidente han aumentado en dos millones de electores en sólo una semana y en plena tormenta de los mercados.

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El objetivo es el paro

En Brasil, explica una fuente oficial, se cumple exactamente a la inversa el axioma de que la inestabilidad económica pasa factura al Gobierno. La explicación tiene que ver con el perfil de los candidatos, pero sobre todo con el de los electores. Más allá del discurso radicalizado de Lula y de su dificultad por desprenderse de la imagen de perdedor —ha sido derrotado dos veces—, una amplia franja del electorado difícilmente puede comprender los entresijos del desmoronamiento de las Bolsas y lo que ello significa para su país.

El ciudadano no asocia la crisis con la gestión del Gobierno, sino que tiende a verlo como un mal que viene del exterior. Su principal preocupación es un regreso de la pesadilla que significó para Brasil la hiperinflación, y en este terreno son muchos los que ven en Cardoso al político que puso fin a la irracional y endémica subida de los precios.

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En un alarde de habilidad política el presidente-candidato apenas alude a la crisis en sus discursos de campaña. En esta estrategia de silenciar la tormenta, cuenta Cardoso con un aliado inigualable: la todopoderosa cadena de televisión O Globo.

Durante las dos semanas que faltan para las elecciones, la espada de Damocles que pende sobre el Gobierno y su presidente es la pérdida de reservas del Banco Central y las fortísimas presiones sobre el real para forzar una devaluación. Más de 22.000 millones de dólares se esfumaron en algo más de un mes para proteger a la moneda brasileña, una cantidad superior a lo que el Estado recaudó a finales de julio con la venta de la compañía de telecomunicaciones Telebrás, la mayor privatización de la historia de América Latina.

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