Las razones de Itziar

Los familiares de los presos de ETA reclaman su papel en el éxito de la tregua y aseguran que su traslado a cárceles cercanas a Euskadi afianzaría la paz

Ésta es la historia de Itziar, nacida en Oiartzun. La contó ayer su hermano mayor. Por eso no habla de sus crímenes -la muerte de un policía retirado, el intento de asesinato de un guardia civil y varios atentados con explosivos- ni de su condena -109 años de cárcel-. Sólo habla de su vida; de que en 1982, con apenas 19 años, fue detenida y encarcelada y desde entonces ha vivido de prisión en prisión. Que encerrada se fue haciendo mujer; que entre rejas se enamoró y se intentó casar con otro etarra, Juan José Legorburu, también condenado a más de un siglo de cárcel por varios asesinatos. Que hace ocho años estuvo a punto de acogerse al tercer grado penitenciario, salir en libertad condicional, abandonar a sus colegas. Que renunció por ETA. Fue una decisión dura. A punto estuvo de enloquecer. Ahora ya está mejor. Sus padres -Félix y María, de 76 y 73 años- se conocen los locutorios de una docena de cárceles y todas las carreteras del país.El hermano mayor de Itziar Galardi Sagardia -votante de Herri Batasuna, como el 48% de los 8.700 vecinos de Oiart-zun- se apoya en los soportales del Ayuntamiento para contar la historia. Del balcón principal están colgadas las trece fotografías de los militantes de ETA nacidos en el pueblo que ahora se encuentran en prisión. La única mujer se llama Itziar.

Hay dos formas de entender la tregua. Una, la de la inmensa mayoría de los ciudadanos, desde la paz; la otra, desde la guerra. La de Itziar y la de su hermano, y la de los familiares de los presos, y la de los votantes de HB. Da vértigo escuchar sus quejas -por la memoria van desfilando las imágenes de los atentados, tantos desde 1968, tan sangrientos, qué pensarán de esto las familias de las víctimas-, pero sostiene el hermano de Itziar, y debe de tener razón, que sólo con el diálogo -"hablar con el enemigo", dice él- se puede llegar a la paz. No le gustan los periodistas ni hablar en castellano. Pero enciende un cigarro negro bajo el retrato de su hermana y decide contar su historia. "Me gustaría que volviera ya". Expresado el deseo, empieza a recordar: "No sé ni cómo entró en ETA, por qué lo hizo. Quizá fue el ambiente, o los amigos. Pero eso es ya agua pasada. Hace tiempo que se me borró su imagen en libertad. Sólo la recuerdo encarcelada. Ya va siendo hora de que vuelva. Tiene 36 años y 17 los ha pasado en la cárcel. Si no fuera de ETA y hubiera cometido los mismos crímenes, ya estaría fuera".

No es difícil imaginar que el entorno condicionara la decisión de Itziar. Oiartzun, un pueblo pequeño incrustado en un valle, a medio camino entre San Sebastián y la frontera con Francia, es territorio indiscutible de HB. No hace falta más que echar una ojeada a las pintadas que aclaman a ETA en todas las fachadas de todas las calles, que piden la libertad de los presos, colgadas sus fotos en el balcón principal del Ayuntamiento. En las últimas elecciones municipales, HB consiguió 2.350 votos y los principales partidos nacionales 157, el PP, y 152, el PSOE. Pero no para ahí la cosa. Todos los concejales pertenecen a partidos nacionalistas: 13 -mayoría absoluta- de HB, cuatro de Eusko Alkartasuna y dos del PNV. En ese entorno asfixiante -para quien no comulgue con las tesis de los radicales, claro está-, el hermano mayor de Itziar admite que es muy difícil bajar la guardia: "Aquí estamos todo el día volcados con los presos. Manifestaciones, concentraciones, manifiestos, visitas... No nos creemos lo que dice la televisión ni la radio. Sólo nos fiamos de Egin. Y por eso lo cerraron, porque decía la verdad". Ayer mismo la organización de familiares de presos etarras Senideak aprovechó un mitin en Bilbao para exigir el reagrupamiento de los encarcelados que desempeñarán un papel "fundamental" en el proceso de paz.

Después de lanzar su alegato -tan parecido al del resto de los militantes de HB-, advierte que él no es un político. Regresa, pues, a la pesadilla familiar. "Nosotros también sufrimos", se sincera; "también dudamos. Incluso podemos llegar a criticar algunos asesinatos de ETA. Mucha gente lo pasó mal con la muerte de Miguel Ángel Blanco. Pero lo primero son nuestros presos. Por eso sería tan bueno que fueran acercándolos, que nos evitaran la tortura de viajar durante noches enteras para estar 20 minutos con ellos. Si han hecho algo, deberán pagarlo, pero no sus familias".

Igual que el hermano mayor de Itziar -no quiere decir su nombre; dice que se llama Pedro, pero su media sonrisa denota que no es verdad-, un grupo de familiares de jóvenes encarcelados por lucha callejera secundaron una huelga de hambre de 48 horas para pedir que sus hijos no cumplan prisión preventiva. El hermano de Itziar pisa la colilla. Unos niños juegan al frontón contra el anagrama de ETA. Sus juegos, y el diálogo de los mayores, irán desgastando el hacha y la serpiente dibujadas en la pared.

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