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EL ENCARCELAMIENTO DE BARRIONUEVO Y VERA

Barrionuevo y Vera ingresan en prisión

La cúpula del PSOE y 7.000 personas arropan a los condenados con gritos de "¡inocentes, inocentes!"

Guadalajara
Entraron en prisión arropados por la cúpula del PSOE, y al final, Felipe González posó expresamente ante la puerta de la cárcel. "¿Es ésta la fotografía que buscaban desde hace años algunos políticos? Aquí está, ya la tienen", comentó el ex presidente del Gobierno. José Barrionuevo se convirtió ayer en el primer ministro de la democracia que ingresa en la cárcel. Lo hizo a las 19.28 horas, y con él el ex secretario de Estado Rafael Vera. Ambos reiteraron su inocencia en una declaración conjunta, al mediodía: "Nos queda nuestra dignidad y no la perderemos pidiendo el indulto". El fiscal ha solicitado el ingreso inmediato en prisión de los otros 10 condenados.

A las 19.28 todo acabó. José Barrionuevo se convertía en ese momento en el primer ministro de la democracia que ingresa en prisión. Y con él, su principal colaborador, Rafael Vera. Unas 7.000 personas, entre ellas toda la cúpula del PSOE, acompañaron ayer al ex ministro del Interior y al ex secretario de Estado de Seguridad hasta la puerta de la cárcel de Guadalajara, donde ambos socialistas empezaron a cumplir su condena de 10 años de prisión por el secuestro de Segundo Marey, en diciembre de 1983.Felipe González, ex presidente del Gobierno, fue el último en despedirse de ellos junto a sus esposas e hijos. Joaquín Almunia, secretario general del PSOE, les aseguró que su partido trabajará "tenazmente" para que recuperen la libertad y para que España no avance "por el camino del rencor y de la injusticia", sino por el de la paz y la concordia. "Hasta siempre", les despidió Almunia en medio de gritos atronadores de "¡inocentes, inocentes!".

No faltó ningún dirigente destacado del PSOE a esta concentración convocada para acompañar a Barrionuevo y Vera en sus últimos minutos de libertad. El gesto más repetido por los dirigentes fue el de bajar las manos pidiendo calma a los congregados que gritaban sin cesar "¡injusticia, injusticia!" e "¡inocentes, inocentes!".

José Barrionuevo y Rafael Vera llegaron en el mismo vehículo que Felipe González, conducido por el hijo del ex secretario de Estado de Seguridad. Poco antes lo hicieron Almunia y el candidato socialista a la presidencia del Gobierno, José Borrell, junto a la mayoría de los miembros de la ejecutiva madrileña, secretarios regionales y los presidentes autonómicos Manuel Chaves (Andalucía), José Bono (Castilla-La Mancha) y Juan Carlos Rodríguez Ibarra (Extremadura). Sí faltó el ex ministro de Justicia e Interior Juan Alberto Belloch, actual portavoz de Justicia en el Congreso de los Diputados.

Guerra, con la mirada baja

Decenas de parlamentarios se mezclaban con el público aplaudiendo sin cesar la llegada de sus compañeros, así como ex ministros y ex altos cargos de los Gobiernos de González, tales como Virgilio Zapatero, Leopoldo Torres o José Luis Corcuera. El ex vicesecretario general del PSOE, Alfonso Guerra, respondía a los aplausos y a los saludos con una triste sonrisa y la mirada baja.Aunque se produjeron momentos de tensión por la avalancha que quería abrazar a Vera y a Barrionuevo y saludar a los líderes socialistas, no se registraron incidentes, dado que la concentración tuvo lugar en una explanada cercana a las tapias de la cárcel alcarreña. El PSOE levantó un estrado para que hablara Almunia en nombre del partido, aunque antes Barrionuevo se vio en la necesidad de dirigirse a sus amigos y compañeros, llegados principalmente de Andalucía, Extremadura, Comunidad Valenciana, Madrid, Castilla-La Mancha y Galicia, si bien había distintivos socialistas de todas las regiones.

A Barrionuevo se le quebró la voz un par de veces, pero casi todo su breve parlamento fue pronunciado con firmeza. "En un instante Rafael y yo vamos a pasar a dar cumplimiento, como es nuestro deber, a una decisión legal pero injusta". "Somos inocentes, se ha cometido una injusticia, pero vamos a cumplir con nuestro deber como hemos hecho durante toda nuestra trayectoria política".

"Hasta siempre"

El ex ministro pidió a los ciudadanos que crean en su inocencia y "que no se resignen ante esta injusticia". A los militantes les hizo "el ruego" de que sigan apoyando al partido. "Hasta siempre", se despidió, asegurando que en esta jornada triste siempre podrán recordar "esta agradable" compañía. En ese momento se vio llorar a muchos de los congregados, incluidos miembros de la ejecutiva federal.La carga emocional que atravesaba esta explanada no presagiaba que fuera a producirse ningún discurso político trascendente. Miles de socialistas coreaban consignas que no se escuchaban desde la transición democrática, tales como "vosotros, fascistas, sois los terroristas" o "el PSOE unido, jamás será vencido". El candidato Borrell recibía emocionado los abrazos y hacía gestos de sosiego cuando el público empezaba a gritar: "Borrell, vamos a por él", en referencia al presidente del Gobierno, José María Aznar.

También pidió tranquilidad Almunia cuando, al tomar la palabra, los congregados comenzaron a pedir libertad. "Hoy se comete una injusticia que José Barrionuevo y Rafael Vera vienen sufriendo desde hace mucho tiempo". "Quienes amamos la libertad y creemos en los mismos valores que defendieron siempre Vera y Barrionuevo, seguiremos luchando en defensa de la legalidad". Almunia se dirigió a sus dos compañeros. "Empeñamos nuestro compromiso personal y fraternal para ayudaros, y trabajaremos tenazmente para que recuperéis la libertad". A continuación vino el mensaje político al extender ese trabajo del PSOE para construir "un futuro para España que no avance por el rencor y la injusticia, sino por el camino de la paz y la concordia". De nuevo se volvió a los que minutos después iban a ingresar en prisión. "Aquí nos tenéis, nos vais a seguir teniendo, y muy pronto esperamos volver a veros en libertad paseando por este parque. Un abrazo, hasta siempre".

Terminados los discursos vino lo más difícil, que fue pedir a los militantes que, "con calma", acompañaran a Vera y Barrionuevo hasta la puerta de la prisión. El ruego fue atendido, y el camino sólo estuvo jalonado por el grito de "¡inocentes, inocentes!".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 11 de septiembre de 1998