MEDICINA: INMUNOLOGÍA

Investigadores de Madrid avanzan hacia la vacuna contra el virus de la neumonía

La mayoría de las neumonías y broncolitis en los niños de corta edad las provoca el virus respiratorio sincitial humano (HRSV). Si bien la mortalidad por este agente infeccioso se mantiene baja en los países desarrollados, la enfermedad constituye un factor de preocupación para los padres (el 1% de los recién nacidos tiene que ser hospitalizado por esta causa), y en muchos casos deja una propensión a desarrollar asma. Contra ese virus, un equipo español y otro británico acaban de dar un paso importante en pos de una inmunización eficaz.La única vacuna conocida contra el HRSV se ensayó en los años sesenta y culminó en un fracaso total: no sólo no protegía a los niños sino que les provocaba una enfermedad más grave si se infectaban. Se hizo indispensable entender las razones de aquel fallo para diseñar una vacuna mejor. ¿Cómo?

Estudios preliminares indicaban que una proteína del virus, denominada G, era la responsable de la respuesta inmunopatológica que aumentaba la enfermedad en los niños vacunados. Dicha proteína se encarga de unir el virus a las células de las vías respiratorias. Por tal razón, se hacía preciso crear anticuerpos contra la proteína G, incluyéndola dentro de la vacuna, siempre y cuando se lograse desactivar su capacidad de inducir una respuesta inmunológica anormal.

Identificar la región de la proteína responsable fue la tarea que se fijó el equipo de José A. Melero, del Centro Nacional de Biología Fundamental del Instituto de Salud Carlos III (Madrid), en colaboración con el grupo de Peter Openshaw, del Imperial College de Gran Bretaña. Para detectarla se crearon por manipulación genética distintas versiones de la proteína G, la base de una serie de vacunas experimentales que se inocularon a ratones sanos. Posteriormente los roedores recibieron una dosis de virus que, en condiciones normales, provoca un exceso de eosinófilos (un tipo de glóbulos blancos) en las vías respiratorias, síntoma observado en los niños vacunados.

Las pruebas pusieron de manifiesto la asociación entre el aumento de tales células y cierta región de la proteína G formada por 13 aminoácidos, según el artículo publicado por el tándem hispano-británico en Journal of Experimental Medicine. Además, los ensayos permitieron comprobar que la eliminación de tales aminoácidos evita el aumento de eosinófilos sin menoscabar la capacidad de la proteína para inducir una respuesta de anticuerpos protectores frente a la infección del HRSV. El avance viene a despejar un importante escollo en la búsqueda de una inmunización eficaz contra el virus. Queda por ver, no obstante, si los resultados se reflejan en humanos. De confirmarse, apunta Melero, habrá que resolver problemas como determinar si conviene orientar los trabajos al diseño de una vacuna para recién nacidos, con los riesgos que implica, o se opta por inmunizar directamente a las embarazadas.

El grupo del Carlos III se plantea ahondar la investigación en el segmento de la proteína G. Los científicos quieren saber cómo lo reconocen los linfocitos y por qué reaccionan generando tantos eosinófilos.

No se trata de cuestiones académicas; el mejor conocimiento de esos aspectos puede encaminar la pesquisa a otra meta terapéutica: la creación de medicamentos contra la epidemia de neumonía y bronquiolitis desatada por el HRSV cada invierno, un problema que se ve agravado por la falta de camas en hospitales pediátricos, añade Melero.

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0028, 28 de julio de 1998.

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