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Tribuna:

Sentenciados

Si se pretendía sembrar la confusión sobre la lógica interna de la justicia por el procedimiento de convertir sentencias firmes en globos sonda para que no sean tan firmes ni tan severas, se ha conseguido. Era la que faltaba para que la desconfianza sobre la aplicación de la justicia se socialice definitivamente. En tiempos de secretos de Estado, dobles la verdad, el lenguaje, la moralidad y la contabilidad, lo único realmente único y socializado es la desconfianza. Quedo a la espera de una declaración bífida de Aznar: ¿qué se creían, que no teníamos órganos para condenarles? y ¿qué se creían, que no los teníamos para indultarles?No ha prosperado el discurso de los que denunciamos los GAL desde su nacimiento en nombre de la razón democrática y no en busca del acoso y derribo del PSOE, desde la experiencia o el riesgo de poder ser Marey. Hemos quedado sepultados bajo toneladas de verbalidad hipócrita y maniobras audiovisuales porque de lo que se trataba era de hacerse con el poder los unos y de convertirse en un búnker los otros al grito de ¡todos somos Barrionuevo y salga el sol por Antequera! Lo de menos era aprovechar la ocasión para comprobar las miserias de la razón de Estado y la miserable actitud de quienes quieran cargarse el Estado, pero no sus cloacas. No se han evitado las marrullerías ni en el momento final, y esta ceremonia de la confusión mejorará las que vengan con cada caso GAL pendiente.

Sugiero a los componentes del búnker Barrionuevo que pidan el indulto uno a uno, porque si han asumido el caso Marey como una intrascendente fabada virtual urdida por los enemigos de Felipe González, no tienen otra salida histórica que el indulto y quedar agradecidos al señor Aznar porque le gusta demostrar que dispone de los órganos suficientes para ser comprensivo con los coleguis.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 27 de julio de 1998