A favor del derecho de injerencia en Kabul
No es gran cosa si decimos que de los acontecimientos que están teniendo lugar en Kabul emana un singular perfume a algo ya conocido. Los soldados de la milicia integrista islámica, los talibán, que dominan la capital afgana desde 1996, están a punto de reproducir la enésima reedición de un guión de otra época. Acaban de expulsar del país a las ONG que trataban de prestar ayuda humanitaria a una población que se encuentra en la miseria. (...) En pocos meses, los talibán han puesto restricciones a la educación de las niñas, a la literatura y a la televisión. En Afganistán se cortan las manos y los pies a los "criminales". (...) El último episodio es el cierre de los organismos encargados de socorrer a una población desesperadamente necesitada. Los afganos que trabajan con los extranjeros son amenazados. (...) Como en Phnom Penh en otros tiempos, en Kabul, hoy, la verdadera plaga es el fanatismo que va parejo al totalitarismo. Como ayer, este fanatismo ciega a sus militantes, los talibán, que creen poder escapar a las reacciones de la comunidad internacional. Los tiempos cambian. Ni siquiera la condena a muerte contra Rushdie (...) goza ya de unanimidad en Irán. Pero los talibán no han notado esa evolución. Corresponde por tanto a los Gobiernos que acaban de adoptar un tratado destinado a castigar los crímenes contra la humanidad recordárselo con todas sus fuerzas. El derecho de injerencia ya existe. Corresponde aplicarlo ahora en Afganistán.
, 22 de julio


























































