Apremiante necesidad

Los agentes del servicio de notificaciones y embargos de los juzgados de plaza de Castilla se toparon hace algunos meses con un supuesto de apremiante necesidad (así cabe catalogar a un 3% de los 22 desahucios que dictan diariamente los jueces). Los agentes fueron a una casa a notificar una orden de embargo -a instancias de Gas Natural, porque su cliente no pagaba las facturas- y descubrieron dentro a una madre que llevaba meses sin poder trabajar.

Su hija, de corta edad, sufría una grave enfermedad y requería atención permanente: tan frágiles eran sus huesos, como de cristal, que se rompían con cualquier brusco movimiento.

Los trabajadores de plaza de Castilla gestionaron el problema. "Informamos al juez de la situación y conseguimos que los servicios sociales se hicieran cargo de esa madre y su hija". El caso sensibilizó de manera especial a algunos funcionarios, que, según señala la secretaria general del servicio de notificaciones y embargos, María Luisa Cotorruelo, "iban a la casa en sus horas libres y les llevaban alimentos y regalos a la niña".

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Los agentes consiguieron también que la niña fuese examinada y tratada por buenos especialistas del hospital Ramón y Cajal.

Este caso demuestra que en los juzgados de plaza de Castilla los desahucios reciben el trato adecuado.

"No somos unos ogros: precisamente los funcionarios de este servicio son gente especialmente sensibilizada con este problema", añade la secretaria.

* Este artículo apareció en la edición impresa del domingo, 07 de junio de 1998.

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