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LA MONUMENTAL

Picante, ganas y un amigo

El picante lo pusieron los novillos de Prieto de la Cal (dos jaboneros para delatar su origen de Veragua, uno de ellos colorao y tres negros) y en los tiempos que corren en el toreo, con tanto borrego descastado y parado, esto es casi noticia.Y no es que los novillos diesen facilidades a los tres noveles diestros locales, porque casi siempre desarrollaron sentido y era casi un pecado dejarles tropezar con los engaños. Aunque alguno flojeó de remos, sus embestidas fueron fuertes y en ocasiones pusieron en serio compromiso a los novilleros. En cuanto al capítulo de las dificultades, sobresalieron el quinto de la tarde y el que cerró plaza, mientras que en la vertiente positiva cabe destacar al lidiado en tercer lugar, que metió bien la cara por los dos pitones, y el cuarto, que se arrancó de lejos y lo hizo con alegría.

Prieto / Barrera, Peña, Casado

Seis novillos de Tomás Prieto de la Cal, encastados y con sentido. Antonio Barrera, silencio y aviso con aplausos. Sergio Peña, vuelta al ruedo y aviso con ovación. Alfonso Casado, nuevo en esta plaza, vuelta y aviso con vuelta. Un cuarto de entrada. Plaza Monumental. Barcelona, 3 de mayo.

En cuanto a las ganas, las pusieron en gran medida los tres novilleros, que están muy necesitados de un triunfo importante. El primero, muy codicioso de salida, como casi todos, pero que acabó defendiéndose por la falta de fuerza, fue saludado por Barrera (muy activo con el capote durante toda la tarde) con una larga de rodillas, iniciando el muleteo con un cambio por la espalda en el platillo del redondel. Luego, le echó valor y mucha voluntad, pero poco dominio. Recibió al cuarto a porta gayola y la primera parte de la faena fue excelente, con temple y hondura. El trasteo fue a menos y acabó algo premioso con el pincho.

Detalles de buen torero

Sergio Peña estuvo variado con el capote en su primero, que fue desarrollando sentido al topar con los engaños. En el muleteo, de temple intermitente, hubo detalles de buen torero. Al quinto le dio varios faroles de rodillas y, después de dos excelentes pares de banderillas de Raúl Felices, tropezó con el novillo de más sentido y mayor peligro de la tarde, con el que únicamente cabía lo que hubo, dignidad y voluntad.Alfonso Casado puede ser torero. Tiene valor, se queda quieto y templa a los novillos. Lógicamente, dada su bisoñez, tiene algunas cosas por pulir, como su definición como torero, ese estar tan pendiente del público y del callejón, o actitudes en algún momento un tanto teatrales, que en plazas de primera no se llevan. Fue excelente su faena al buen animal lidiado en tercer lugar, en el que, de no haber atravesado al novillo en dos estocadas, hubiese obtenido con justicia una oreja. En el sexto denotó mayormente su bisoñez, pero un amigo suyo se lanzó al ruedo y lo paseó a hombros. Eso tampoco debería llevarse en un plaza de primera.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 4 de mayo de 1998