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DESASTRE ECOLÓGICO

Los técnicos empiezan a desplazar hoy siete millones de toneladas de lodo a la antigua mina

Temor a que las lluvias puedan provocar una nueva acidificación del terreno

Los nuevos aires de entendimiento entre la Junta de Andalucía y el Gobierno central dieron ayer sus frutos, y las dos administraciones acordaron empezar hoy mismo a recoger los lodos tóxicos del entorno de Doñana para depositarlos en una mina abandonada de la empresa sueca Boliden Apirsa, situada muy cerca de la presa que reventó hace ocho días. No tienen por delante un trabajo fácil: los lodos vertidos suman unos siete millones de toneladas (lo que equivale a 350.000 viajes de un camión muy grande), y es posible que después haya que retirar una cantidad aún indefinida de tierra subyacente.

La comisión de coordinación entre la Junta y el Gobierno adoptó ayer esta medida -que los expertos acababan de proponer de forma unánime- con carácter inmediato, incluso antes de haber podido estimar sus costes. Las ventajas del nuevo entendimiento entre administraciones resultaron aparentes: las numerosas trabas legales suscitadas por la remoción de semejante cantidad de terreno fueron, por así decir, diluidas en el poderoso solvente del consenso.La rotura de la presa liberó al parque natural de Doñana cinco millones de metros cúbicos de material contaminado. Según informaron ayer a la comisión los técnicos de la empresa, tres millones de metros cúbicos fueron lodos tóxicos que ahora están esparcidos a lo largo de 40 kilómetros del lecho del río Guadiamar (el resto fue agua contaminada que se desvió hacia el río Guadalquivir).

Esos 40 kilómetros de lodos se han repartido en tres tramos para su recogida. La empresa se hará cargo del tramo más próximo a la presa reventada (entre Aznalcóllar y Sanlúcar la Mayor, en Sevilla), y las dos administraciones se repartirán el resto, hasta llegar al término municipal de Puebla del Río.

Los lodos serán transportados en camiones hasta la abandonada corta minera de Aznalcóllar, muy cercana a la actual explotación de la empresa Boliden. Esa antigua mina tiene capacidad de sobra para albergar todo el material de manera provisional. Los lodos deberán ser luego desplazados a algún depósito de residuos aún por decidir.

Los trabajos deben proceder a toda prisa para intentar remover todo el lodo antes de octubre, cuando la temporada de lluvias agravará la situación de cualquier sedimento remanente. Ayer mismo, los técnicos tenían un ojo puesto en las nubes que se cernían sobre la sierra norte de Sevilla, la zona de la rotura.

El problema con las lluvias no es que puedan esparcir los contaminantes por una región más amplia que la actual (ese efecto sería pequeño, excepto en el caso de inundaciones catastróficas, poco probables por el momento). El problema es que las precipitaciones volverían a provocar una acidificación del terreno.

La Consejería de Medio Ambiente viene facilitando a diario sus análisis de las aguas y los sedimentos. Según la última puesta al día, las mediciones no han detectado toxicidad dentro del parque nacional de Doñana. Estos análisis no hubieran revelado, sin embargo, una posible contaminación de los acuíferos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 3 de mayo de 1998