La Generalitat valenciana investiga 217 casos de contagios de hepatitis C en dos hospitales

Al menos el 64% de los enfermos habían sido atendidos por el mismo anestesista

La nueva cifra aportada ayer por la Consejería de Sanidad de la Comunidad Valenciana eleva a 217 los casos de contagios sospechosos de hepatitis C en dos centros médicos de Valencia. Además, se ha verificado que el 64% de los afectados habían sido atendidos en intervenciones quirúrgicas por el mismo anestesista, una persona supuestamente adicta a las drogas. El portavoz del Gobierno valenciano, José Joaquín Ripoll, no concretó más datos, ni cuántos de esos casos se han detectado en el hospital La Fe y cuántos en la Casa de La Salud (centro privado), ni cuándo se produjo el primero. Esta clínica ha vetado el acceso a sus instalaciones al anestesista, que trabaja en ambos centros médicos.

Mientras los teléfonos de las asociaciones de consumidores se colapsan de llamadas, Sanidad no ofrece datos concretos sobre lo ocurrido, alegando que el caso está en manos de la justicia. La hepatitis C está considerada la peor de las hepatitis. En un 80% de los casos termina siendo aguda, en un 20% produce cirrosis hepática y en 20% cáncer hepatico. Sólo se contagia por contacto sanguíneo (por ejemplo, con el uso de la misma jeringuilla), y no hay vacuna que la contrarreste. El único tratamiento relativamente eficaz es el Interferón, que la Generalitat valenciana ha puesto a disposición de los afectados.

La Casa de Salud, a la que Sanidad expedientará «por haber ocultado la existencia de un brote de hepatitis C en el centro», asegura que los análisis del instituto Pasteur de Francia prueban la concordancia entre el genotipo del virus de los pacientes y el del anestesista.

«Al menos ya no tengo dudas de cómo me he infectado», se consolaba ayer un bombero de 56 años, que lleva cuatro años indagando cómo pudo contraer el virus de la hepatitis C. Una fractura de menisco le condujo en 1994 hasta la clínica La Salud. Fue un análisis de sangre al que se somete anualmente en el parque de bomberos el que reveló la presencia del virus en su organismo.

«Me notaba cansado y me dijeron que tenía el hígado muy inflamado», comenta ahora. Aficionado a la bicicleta, lo único que consiguió arrancar a los médicos fue la recomendación de que dejase el ciclismo, debido a su enfermedad. Cuando escuchó al consejero de Sanidad comentar que las sospechas recaen ahora en el mismo anestesista al que la clínica ha prohibido el acceso a sus instalaciones, pidió su historial clínico y ahí estaba el nombre del facultativo.

«Me han fastidiado la vida; yo no he probado nunca las drogas y trabajo con guantes, pero mis compañeros piensan que les voy a contagiar». El goteo de informaciones que está ofreciendo la Consejería de Sanidad sobre el supuesto contagio masivo de hepatitis C -que sólo se contrae por contacto sanguíneo o uso común de una jeringuilla- no ha contribuido a frenar la alarma despertada entre los pacientes operados en alguno de los dos centros sospechosos.

El portavoz de la UCE, José Luis Pérez de los Cobos, afirmó ayer que la organización que representa ejercerá la acusación popular para exigir responsabilidades si se demuestra el contagio médico-paciente. Pérez de los Cobos considera que tanto los médicos que comparten quirófano con el anestesista como la Consejería de Sanidad serían, en ese caso, responsables civiles del contagio, dado el deber de vigilancia que les corresponde.

Según el portavoz del Gobierno valenciano, 127 de los casos parten de las denuncias de los empleados de Iberdrola y Telefónica (ambas empresas tenían conciertos médicos con la clínica), y de otros particulares. Los 90 restantes han surgido tras el cruce de datos informáticos desde 1995 hasta hoy en ambos hospitales. Hasta el momento, el juzgado número 9, que instruye el caso, dispone de 15 denuncias, informa Voro Maroto. La instrucción se encuentra en la fase sanitaria, por lo que aún no se han tomado declaraciones.

Entretanto, fuentes de la investigación aseguran que la única acusación directa que ha recibido el anestesista es la de ser consumidor de opiáceos: «Una cosa es ser el posible foco de contagio y otra que él sea el responsable del mismo. Depende de si sabía que podía ser transmisor de la enfermedad».

Al parecer, el facultativo supo que Sanidad había incoado un expediente disciplinario tres días después de que el consejero revelase públicamente su adicción a las drogas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del martes, 21 de abril de 1998.

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