La enésima "resurreccion" política del presidente

Bill Clinton volvió a ser anoche The Comeback Kid, el político que siempre regresa fortalecido del infierno. La clase política de Washington, demócrata o republicana, no podía ocultar su admiración ante su enésima victoria. A nadie, ni tan siquiera a los republicanos que más le odian, le quedaban fuerzas para hablar de abrirle un proceso de impeachment o destitución a un presidente que recién exonerado de las acusaciones de acoso sexual formuladas por Paula Jones.Nadie tenía muy claras anoche las repercusiones legales de la decisión de la juez Wright de archivar el caso Paula Jones sobre la investigación del fiscal independiente Kenneth Starr en relación al caso Monica Lewinsky. Pero las consecuencias políticas eran evidentes: el caso Lewinsky pierde muchísima fuerza, el fiscal Starr va a verse sometido a intensas presiones para que termine de una vez por todas su trabajo y pocos republicanos, por no decir ninguno, van a tener ganas de enfrentarse abiertamente al presidente.

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Kenneth Starr emitió un comunicado tras divulgarse la decisión de la juez de Little Rock. El fiscal independiente afirmó que esa decisión "no afecta a nuestra autoridad para investigar la presunta comisión de unos delitos"; recordó que el permiso para ocuparse del caso Lewinsky le fue concedido en enero por la fiscal general de EE UU, Janet Reno y un equipo de jueces federales, y concluyó informando que desea completar la investigación lo antes posible".

Ahora bien lo que está investigando Starr es si Clinton mintió y empujó a Lewinsky a mentir en sus respectivas declaraciones juradas ante los abogados de Paula Jones. Y como ya no existe el caso Jones, los juristas norteamericanos no tenían anoche muy claro por dónde puede tirar Starr.

Políticamente, lo ocurrido ayer es una gran victoria para Clinton. El presidente, que nunca ha dejado de contar con un alto nivel de aprobación de su trabajo político pese a todas las acusaciones, queda libre de la sombra fatídica del juicio que debía celebrarse en mayo en Little Rock. Y ve cómo la presión se traslada ahora a Starr, al que la opinión pública no va a perdonar que alargue en demasía el caso Lewinsky.

La Casa Blanca, tanto la que permanecía de guardia en el número 1600 de la avenida washingtoniana de Pennsylvania como la que acompañaba al presidente en Dakar (Senegal), respiraba anoche con enorme satisfacción. Sus colaboradores volvían a estar firmemente convencidos de que Clinton terminará su segundo mandato presidencial.

* Este artículo apareció en la edición impresa del miércoles, 01 de abril de 1998.

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