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Política de tolerancia

La apertura de las narcosalas encaja sin sobresaltos en la postura tradicional con la que las autoridades holandesas tratan el tema de las drogas desde hace más de 20 años. La llamada Ley del Opio estableció una clara frontera entre las drogas blandas -marihuana y hachís- y las consideradas drogas de 11 riesgo inaceptable", como la cocaína, el éxtasis y la heroína.En el convencimiento de que hay que mantener separados ambos mercados, para que los jóvenes que fuman no caigan en ambientes de alta delincuencia y criminalidad organizada, las autoridades olandesas toleran la venta de las drogas blandas en los coffeeshops, unos bares donde se pueden elegir a la carta.

La política con respecto a las drogas duras es mucho más estricta, aunque está definida por la necesidad de proteger la salud del adicto y minimizar las molestias que causa al resto de la sociedad.

Por eso, aunque la venta, importación y posesión tienen penas de hasta 12 años de cárcel, se hace la vista gorda en el consumo.

Según datos del Centro Europeo de Observación de Drogas, con sede en Lisboa, la mortalidad por el consumo de drogas en Holanda s la más baja de la región. Mientras en España mueren 27,1 adictos por millón de habitantes y en Alemania 20, en Holanda se registran 2,4 fallecimientos al año. Y si bien el sistema no conduce a una reducción de adictos, el porcentaje se mantiene desde hace años estable a niveles semejantes a los de Alemania, Suecia y Bélgica.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 31 de marzo de 1998