Clinton niega también la última acusacion de asalto sexual en la Casa Blanca
Bill Clinton volvió ayer a negar. Dijo que tiene "un recuerdo claro" de lo que ocurrió entre él y Kathleen Willey en el Despacho oval, y que no fue "nada impropio". Pero imagen evocada por Willey en su entrevista del domingo con la CBS -la de un Clinton manoseándola- provocó asco y repulsa. Patricia Ireland, presidenta de la Organización Nacional de Mujeres (NOW), declaró: "Esto, si es cierto, no es acoso sexual. Es un asalto sexual". "Estamos hablando de auténticos predadores sexuales, de gente con poder que lo usa para aprovecharse de las mujeres", afirmó.
Clinton, según Willey, se le arrojó encima -abrazándola, besándola en la boca, tocándole los pechos y cogiéndole una mano para colocarla en su pene- un día de noviembre de 1993 en el que ella entró en el Despacho Oval para contarle sus angustias económicas y pedirle un trabajo fijo en la Casa Blanca.La denuncia de Willey, según la presidenta de Now, supone un salto cualitativo en la catarata de escándalos sexuales protagonizados por el presidente. La tolerancia con la que la opinión pública norteamericana, incluidas muchas mujeres, ha aceptado la imagen de un Clinton "mujeriego" derivada del caso Lewinsky, podría transformarse ahora en indignación ante la de un Clinton presunto autor de "asalto sexual". "Pensé", dijo Willey a la cadena CBS, "que debía darle una bofetada. Pero también pensé que una no puede abofeterar de esa manera al presidente de Estados Unidos".
El testimonio de Willey fue recibido con generalizada credibilidad. Willey, de 51 años, no pertenece al campo de "los que odian a Clinton". Al contrario, es militante demócrata y trabajaba en la Casa Blanca como voluntaria sin sueldo cuando la bancarrota de su esposo la llevó a pedirle un empleo a Clinton. Para añadir más morbo al caso, su marido se suicidó el mismo día en que ella fue presuntamente asaltada por el presidente.
Trent Lott, líder de la mayoría republicana en el Senado, declaró ayer que encontró "creíble" a Willey y que las múltiples acusaciones que pesan sobre Clinton están obstaculizando su capacidad para concentrarse en las tareas de Gobierno. "Si Willey dice la verdad, creo que esta presidencia debería terminarse", dijo Orrin Hatch, el republicano que preside el Comité de Asuntos Judiciales del Senado.
Como ocurrió con Gennifer Flowers, Paula Jones y Monica Lewinsky, Clinton rechazó las acusaciones. "Estoy atónito y defraudado por el curso de los acontecimientos", declaró. "Tengo", dijo, "un claro recuerdo del encuentro. No ocurrió nada impropio".
La Casa Blanca difundió ayer copias de varias cartas enviadas por Willey a Clinton en algunas de las cuales le pedía trabajo y las respuestas del presidente. Entre el material hecho público se encuentra un mensaje tomado por una asistente el 1 de diciembre de 1993, dos días después del presunto incidente en el Despacho Oval, que dice textualmente: [Willey] "llamó esta mañana y dijo que puede devolverle la llamada cuando quiera".
Poco antes, la Casa Blanca había difundido el siguiente comunicado oficial: "El presidente no tocó a la señora Willey y ella no le tocó a él de ninguna manera sexual. En los últimos cuatro años, el presidente y la señora Willey han seguido manteniendo una relación amistosa y ahora él está extrañado por sus acusaciones. No tiene idea de por qué dice lo que dice".
Según la Casa Blanca, Clinton insiste en que es verdad lo que declaró bajo juramento a los abogados de Paula Jones el pasado enero: que el único contacto físico que ese día tuvo con Willey fue "un beso en la frente" para "reconfortarla en un momento dificil".
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