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Humo con sabor a barrio

Un taller madrileño se dedica desde hace 37 años a fabricar y reparar pipas

Fumar en pipa va, para muchos, más allá del mero placer. El simple acto de colocar el tabaco en su interior y encenderlo se convierte en un ritual que algunos fumadores comparten en clubes o reuniones. Pero, a pesar del mimo con que estos enamorados del humo tratan a sus pipas, puede llegar el momento en que éstas fallen o se estropeen. ¿Qué pasa entonces?"Más de uno la ha tirado a la basura porque no sabe que tienen arreglo". Lo dice Desiderio Zazo, artesano de profesión y quien, junto a su socio Ramón Salas, fabrica y repara toda pipa averiada que se acerca hasta su taller, situado en la Costanilla de los Desamparados, en el corazón de Atocha. Y explican sus puntos débiles: el pisadientes (la parte que se lleva a la boca) y el aro (una pieza interior que suele resquebrajarse. Lo que no tiene solución es la cazoleta (donde se coloca y quema el tabaco): "Si se raja o daña, hay que tirarla".

Salas y Zazo aseguran ser la "única tienda de España" que se dedica a la reparación del mencionado utensilio. El local, bastante antiguo, está teñido de una suave luz fluorescente. "Tenemos bastantes clientes, lo mismo de Cádiz que de Galicia; de toda España en general. Y de todo tipo: clientes nuevos y viejos, amigos, algunos que se inician y otros que están con nosotros desde hace 37 años", señala Desiderio Zazo.

Pero son realistas: "Tampoco hay tantas pipas como para vivir exclusivamente de ellas", asegura Ramón Salas, mientras pule una pequeña pieza en un torno. Estos artesanos también se dedican a la talla y torneado de piezas de marfil, hueso, nácar o madera. Respecto a los precios, "dependen del daño, pero son más que módicos".

Pero Zazo y Salas no se conforman con los arreglos, sino que también fabrican pipas, aunque sólo las venden en el taller, "porque no tenemos infraestructura como para fabricarlas a gran escala. Lo mismo un mes vendes cinco que otro no vendes nada", comenta Salas.

En el proceso de fabricación es fundamental la calidad del material. El más tradicional, las raíces de brezo, es el que utilizan estos dos artesanos. "Ahora támbién están hechas con haya y olivo, pero lo suyo es el brezo", insiste ahora Zazo, quien explica que para que la pipa dé el mejor sabor al tabaco "tiene que hacerse a base de fumar". "Las nuestras no van barnizadas, para que puedan transpirar bien. Por eso sólo utilizamos madera pulida", interviene su compañero y socio.

El verdadero valor de una pipa fabricada a mano está en que "todas son piezas únicas-: hacemos dos iguales". Y añaden: "A mano se van salvando los fallos, los agujeros y las imperfecciones del material, sin utilizar masilla ni otros productos". Después de tres horas de lijar, limar y pulir, la obra ya está lista para salir a la venta.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 6 de marzo de 1998