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CARTAS AL DIRECTOR

Algo de miedo

Leo EL PAÍS casi desde su fundación, y por primera vez no consigo resistirme a escribir en contra de un artículo que parece más propio del periódico El Alcázar que de uno que casi nació con la democracia en nuestro país. Me refiero al artículo s. En él se dice que en cualquier país civilizado el Ejército habría acudido a proteger las vidas de los ciudadanos, en vez de ocultarse en los cuarteles. No señor, en cualquier país civilizado el Ejército está compuesto por funcionarios que hacen lo que se les ordena, dentro de la legalidad, desde los órganos democráticamente elegidos. El Ejército no es un poder del Estado, y nunca debe haber en él salvapatrias que se levanten en armas cuando vean algo injusto, o que a ellos así les parezca. El Ejército está muy bien donde está, los asesinos de ETA se frotarían las manos si fuera el Ejército el que luchara contra ellos porque así parecería que es una guerra entre Estados. Además, ¿qué soldados patrullarían las calles?, ¿de reemplazo? Volverían a morir extremeños, gallegos y andaluces que, como no son del pueblo vasco, o no son políticos, son menos muertos. ¿Ha sido la solución del Ulster que el Ejército inglés patrulle las calles? La solución del problema vasco pasa por la entrega de armas, el diálogo, la aceptación del juego democrático, la eficacia policial y grandes dosis de perdón por todas las partes. También es imprescindible que los partidos nacionalistas se dejen de ambigüedades y de poner los muertos encima de la mesa para negociar o para obtener más votos- .

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 16 de enero de 1998