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La guerra de 'Unabomber' contra el progreso, en el banquillo

El terrorista ermitaño de EE UU intenta su propia defensa para explicar sus tesis

, "No estoy loco y no quiero que mi defensa intente presentarme como un loco". Theodore Kaczynski, el ermitaño norteamericano acusado de ser el terrorista Unabomber, ha repetido esa declaración decenas de veces en los últimos días. El hombre acusado de enviar 16 cartas y paquetes bomba a otros tantos destinos de Estados Unidos, provocando tres muertos y 28 heridos, ha mostrado lo lejos que puede llegar por defender su derecho a convertirse en su propio abogado: un intento de suicidio y la suspensión en dos ocasiones del comienzo de su juicio en Sacramento (California).

¿Llegará a celebrarse la vista contra Kaczyrtski? La pregunta era de rigor ayer después de que, el jueves, Unabomber intentara primero acabar con su vida en su celda, utilizando como una precaria horca las tiras rasgadas de sus calzoncillos, y consiguiera luego que el juez suspendiera por segunda vez en la semana la sesión de apertura del juicio.

Unabomber, que sólo sufrió leves rasguños en el cuello a raíz del frustrado intento de acabar con su vida, fue colocado el mismo jueves en una nueva celda, vigilada 24 horas al día por un circuito cerrado de televisión. El juez Garland Burrell estudiaba ayer con el fiscal y los abogados la última demanda del acusado: defenderse a sí mismo.

El acusado, que se considera un libertario, un aislado combatiente en la lucha contra los males de "la deshumanizada civilización posindustrial", ya consiguió el lunes retrasar el comienzo del juicio. Quería recusar a los letrados Quin Denvir y Judy Clarke, al comprender que intentan evitarle una condena a muerte al presentarle como un caso de esquizofrenia paranoide. Propuso el nombre de Tony Serra, un abogado de San Francisco célebre por defender a grupos radicales.

Serra, le dijo Unabomber al juez Burrell, podría presentar este caso como lo que es: una manipulación del Gobierno de Washington contra un francotirador idealista. El abogado de San Francisco, añadió, estaba dispuesto a asumir la defensa sin cobrar un centavo. Pero el juez consideró que ya era muy tarde para que el acusa do cambiara de equipo legal y le condenó a mantener a Denvir y Clarke. El magistrado autorizó además a la defensa a presentar testigos que hablen sobre la vida de Kaczynski y pongan en duda su equilibrio mental.

La madre y el hermano de Unabomber son dos de esos testigos. El acusado se puso furioso al saberlo. David Kaczynski es la persona que dio al FBI la pista de que el terrorista buscado desde hacía 17 años en EE UU podía ser su hermano Theodor, un profesor de Matemáticas formado en Harvard que un buen día decidió abandonar su puesto en la universidad californiana de Berkeley y retirarse a una cabaña de las montañas de Montana. Durante casi cinco lustros llevó allí una vida primitiva, al margen del progreso, la que él proponía para el renacer de la nación norteamericana.

El jueves, tras su frustrado intento de suicidio, Kaczynski volvió a interrumpir el comienzo del juicio. Esta vez, recurrió a la Constitución de EE UU y exigió su derecho a defenderse a sí mismo. El juez le dijo que para ello debe someterse a un examen psiquiátrico que determine si está en condiciones de hacerlo: si entiende el alcance y el porqué de las acusaciones.

La "tragedia" de Kaczynski

Kaczynski, nacido hace 57 años en Chicago, hijo de un salchichero polaco, se había negado en redondo a ser examinado por cualquier psiquiatra de la defensa o la acusación. Pero el jueves, a fin de poder defenderse a sí mismo, aceptó ante el juez comparecer ante un experto. "La tragedia de mi cliente", dijo ayer la abogada Clarke, "es que toda su vida ha estado obsesionado por la idea de que le tomen por loco"."Ted Kaczyriski", escribe esta semana David Jackson en la revista norteamericana Time, "tiene un gran problema: está demasiado loco para darse cuenta de lo loco que está, pero no está lo suficientemente loco para ser declarado legalmente un enfermo mental".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 10 de enero de 1998