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Los 'narcos' de Ciudad Juárez pagan medio billón al año para sobornar a periodistas, polícias y políticos

Relatan las crónicas que, a principios de 1994, el narcotraficante Amado Carrillo Fuentes, el señor de los cielos, aprovechó que México permanencía distraído con la insurrección zapatista para descargar en tierra de nadie, entre militares y guerrilleros, los alijos más voluminosos de cocaína. Sus Boeing 727 aterrizaban con la carga en el sureste nacional y volvían a Colombia con remesas de billetes de uno, cinco, diez y veinte dólares que llegaban a pesar toneladas. No son de extrañar, pues, las propinas de diez mil dólares a policías camineros, ni las revelaciones de Francisco Barrios, gobernador de Chihuahua: "Hay una estimación que ha hecho la Procuraduría General de la República de que por Ciudad Juárez pasan drogas por un monto de 200 millones dólares por semana; estamos hablando de 10.000 millones de dólares al año [1,5 billones de pesetas]".Y lo que es peor, aunque Ciudad Juárez probablemente no es el paso de mayor tráfico, entre el 30% o el 40% de esos 10.000 millones de dólares, unos 3.000 millones, son destinados para sobornar, comprar a funcionarios, banqueros, policías, periodistas y personas "que uno ni se imagina", advirtió el gobernador. "Y entonces tenemos que estar haciendo el esfuerzo constante de estar monitoreando a nuestros policías para asegurarnos que no los han comprado, comprobando que un nivel de vida e ingresos corresponda con sus percepciones salariales". Hasta ahora, según datos proporcionados por Barrios, 400 policías judiciales de Ciudad Juárez han sido destituidos por corrupción.

La compra de voluntades, o el asesinato de quienes no la venden es práctica frecuente. Y el chorro de dólares no sólo doblegó a altos funcionarios o policías mexicanos, también cayeron estadounidenses en puestos de responsabilidad aduanera. Mientras tanto, la fiscalía ha confiscado en torno a los 750 inmuebles, desde comercios a hoteles de cinco estrellas, 5.000 automóviles, 400 aeronaves, 80 embarcaciones y 150 lotes de joyas. El control de esos bienes, insuficientemente fiscalizados, es también foco de corrupción.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 9 de enero de 1998