"Seré el primero en clonar humanos"

Un científico de Chicago proyecta hacer réplicas para parejas estériles

Richard Seed, que se proclama "un pensador independiente", ,no tiene el menor problema de conciencia. "Cuando Dios hizo el hombre a su imagen y semejanza, lo que quería es que el hombre terminara convirtiéndose en Dios", afirma. "La clonación es el primer paso serio en la conversión del ser humano en Dios".El día de los Reyes Magos, Seed, un científico y hombre de negocios de Chicago, se declaró dispuesto a romper el tabú e intentar igualar el milagro de la creación de Adán y Eva. "Quiero ser el primero en producir un ser humano por el procedimiento de clonación", dijo desde la metrópoli de Illinois a la National Public Radio, la red de emisoras públicas de Estados Unidos. Y añadió que ya tiene sentadas las bases para hacerlo.

lan Wilmut, el padre de Dolly, estuvo ayer en Washington. El científico escocés compareció ante una comisión del Senado e instó a los legisladores de EE UU y de otros países a trabajar "más allá de las fronteras" para prohibir la clonación humana.

Más o menos a la misma hora, Mike McCurry, el portavoz de la Casa Blanca, recordó que Bill Clinton ya ha prohibido el empleo de fondos del Gobierno federal en estos experimentos, e informó de que el presidente planea reiterar su llamamiento al Congreso para que se declare ilegal durante al menos cinco años cualquier investigación pública o privada sobre la clonación de seres humanos. EE UU, pese a que Clinton ya lo pidió el pasado año, no ha discutido ni mucho menos aprobador ninguna legislación al respecto.

Ese vacío legal es el que intenta aprovechar Seed, el hombre que motivó el comentario de la Casa Blanca y el interés concedido a la comparecencia ante el Senado del padre de Dolly. En la noche del día de la Epifanía, Seed informó a la NPR de que ha puesto en marcha un proyecto para producir niños clónicos a petición de parejas infértiles.

Seed tiene serias credenciales. No es médico de carrera, pero sí físico, y en los primeros años setenta fue un pionero de las investigaciones sobre la fertilidad humana. En 1983, el Journal of the American Medical Association publicó un informe sobre un tratámiento consistente en implantar un óvulo fertilizado en una mujer estéril. Seed también tiene un pequeño capital personal, aunque afirma que no llega a los dos millones de dólares (unos 300 millones de pesetas).

Seed dice contar con un equipo de médicos y con cuatro parejas con problemas de fertilidad voluntarias para el experimento. Los investigadoes, explica, tomarían células del padre o de la madre, las someterían a pruebas para evitar aberraciones genéticas y las emplearían para crear un nuevo ser humano.

Eso, prosigue el científico de Chicago, se haría implantando el núcleo de la célula de persona que desea ser clonada en un óvulo no fertilizado al que se habría eliminado el núcleo que contiene la mayoría de la información genética. Lo difícil sería que ese óvulo se comportara como si hubiera sido fertilizado con esperma; pero, una vez conseguido un embrión, éste podría ser implantado en una mujer. El niño clónico nacería nueve meses después.

Seed comenzó a diseñar sus planes tras el éxito, el año pasado, de la duplicación de un cordero por el equipo escocés dirigido por lan Wilmut.

¿Es técnicamente posible crear una réplica de un ser humano? Sí, responde el biólogo John Eppig, citado ayer por USA Today.

Los planes de Seed son ambiciosos. Ya está en contacto con una clínica de Chicago que no quiere identificar, para comenzar los experimentos "en los próximos tres meses". A partir de ahí, sueña con abrir "diez o veinte clínicas en otros lugares de EE UU, y quizá cinco o seis a nivel internacional". Esas clínicas, precisa, tendrían fines lucrativos.

Seed está dispuesto a trasladarse a cualquier país extranjero -él cita México- si la Casa Blanca o el Congreso intentan impedir su trabajo. Harold Saphiro, presidente de la comisión Asesora Nacional obre Bioética, declaró ayer que el proyecto del científico de Chicago es "prematuro científica y clínicamente", y "moralmente inaceptable".

Pero, para Seed, "nadie puede detener a la ciencia".

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