Editorial:
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Es responsabilidad del director, y expresa la opinión del diario sobre asuntos de actualidad nacional o internacional

Viviendo con su asesino

DURANTE EL año ido, 61 mujeres fueron asesinadas por sus maridos, ex maridos o equivalentes. Hace 15 días, en Granada, una mujer llamada Ana Orantes, de 60 años, era quemada viva por el padre de sus hijos, del que se había separado y cuyas brutalidades durante cerca de 40 años de matrimonio había denunciado en un programa de televisión. Al espanto de esa noticia han seguido otras de intentos similares, culminados en algunos casos, como el que tuvo por víctima a Josefa Díaz, de 50 años, asesinada en Almendralejo, Badajoz, el último día del año por su marido, del que estaba en proceso de separación. Ayer, sendos jueces de Tarragona y Málaga ordenaron el ingreso en prisión de dos hombres acusados de agredir a sus mujeres.Algunas personas han querido ver en la proliferación de estos hechos en las últimas semanas un fenómeno de imitación provocado por el impacto mediático de la noticia. A veces ocurre, pero no es necesario recurrir a esa explicación: la estadística revela que, en promedio, cada seis días se produce en España el asesinato de una mujer por su cónyuge. Muchas veces, tras años de malos tratos en el secreto del hogar. Noticias similares a las que ahora han ocupado la primera página ocurren en silencio casi cada semana.

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¿Qué hacer ante tan desoladora constatación? Lo primero, no tomársela a broma. Horas después del crimen de Granada la televisión pública emitía un programa en el que un famoso humorista, vestido de matarife y portando un cuchillo en la mano, iniciaba su número anunciando en plan jocoso: "Vengo de matar a mi mujer". Aún más descorazonador resultó que uno de los más famosos periodistas radiofónicos de España iniciara el debate sobre la noticia del día preguntando jovialmente a los participantes en su tertulia: "¿Qué, vosotros también zurráis a la parienta?''.

El asesinato de mujeres a manos de sus maridos o ex maridos es frecuentemente la culminación última de agresiones habituales en el hogar. No hay datos fehacientes sobre el número real de mujeres víctimas de esa situación. En los últimos años se han registrado entre 16.000 y 19.000 denuncias de mujeres por agresiones, cifra que, según los expertos cubre apenas el 10% de los casos reales. El temor y la dependencia económica son los motivos fundamentales del silencio, incluso si vecinos y parientes conocen la situación. De las más de 18.000 denuncias presentadas en 1997, tan sólo unas 3.000 dieron lugar a condenas penales. La mayoría fue ron consideradas faltas. El Código Penal establece en su artículo 153 penas de seis meses a tres años para quien "habitualmente ejerza violencia física sobre su cónyuge o conviviente". Se trata de un delito diferenciado del de lesiones, lo que significa que no se necesita demostrar estas para que exista delito. La jurisprudencia viene considerando que existe habitualidad a partir de tres comportamientos violentos.

Estas últimas semanas se ha insinuado, incluso desde el Gobierno, la conveniencia de reforzar la legislación aplicable. Tal vez haya que hacerlo, pero lo fundamental es establecer cautelas frente a las reacciones de los agresores denunciados. Incluso antes de culminar el proceso, los jueces instructores deberían poder establecer ciertas restricciones al marido denunciado. El caso de Granada ya reveló los riesgos de permitir la convivencia en la misma casa de agresor y víctima.

Los autos de prisión dictados ayer pueden ser coherentes con esa visión preventiva, pero seguramente es necesario estudiar medidas intermedias. Por supuesto, existe también un problema cultural, ligado a la mentalidad de muchos hombres que identifican matrimonio con derecho de dominio sobre su cónyuge o sobre sus hijos. Pero la condición previa para combatir esa mentalidad es que se sepa que dar una paliza a la mujer no es un asunto privado, sino un delito: que lo sepan los agresores y también los parientes y vecinos conocedores de esos dramas vividos en silencio por las víctimas.

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