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Crítica:FLAMENCO

Tocar la gloria con las manos

"No era alta, pero levantaba los brazos y llegaba al techo", dijo Pablito de Cádiz, un viejo bailaor, de La Macarrona. Eva La Yerbabuena tampoco es alta, pero levanta los brazos y toca la gloria. Es una bailaora fuera de serie, que está teniendo un reconocimiento espectacular. Y plenamente merecido. Su baile va siempre al hilo de la perfección, porque combina con genialidad intuitiva la fuerza del zapateado con los más delicados quiebros y escorzos, con la dulzura incluso de unos braceos de ensueño. Las transiciones de uno a otro momento son modélicas. Belleza, mucha belleza derramó Eva La Yerbabuena en una actuación en que todo fueron aciertos, como si esos bailes -bulerías por soleá, tarantos con tangos y alegrías- hubieran sido creados a su medida. Vino con buen cante y buena música acompañantes. Enrique Soto es un maestro en el cante de atrás, y lo demuestra en cada actuación suya, y un joven Rafael de Utrera le secunda con acierto. Las guitarras de Jarana y Cruz se complementan muy bien y hasta el cajón de Ruiz, sin estruendos innecesarios, se comporta eficazmente.

Eva La Yerbabuena

Con Rafael de Utrera y Enrique Soto (cante), Paco Jarana y Paco Cruz (toque) y Juan Ruiz (cajón).Madrid, anfiteatro Colegio de Médicos, 7 de noviembre.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 9 de noviembre de 1997