Nacido para triunfar

Altura: 183 centímetros. Peso: 76 kilogramos. Cicatriz en hombro derecho. Experto tirador. No utiliza disfraces. Idiomas: inglés, francés y alemán. Le encantan la bebida, sin excesos, y las mujeres. Una descripción escueta para un peculiar personaje: James Bond.Es el producto más emblemático de la industria del ocio, sin duda la industria, también, más emblemática de un fin de siglo hipertecnológico y confuso: 19 películas; decenas de mujeres espectaculares; villanos que alcanzaron la cima de la abyección; armas y vehículos que entroncan con Los inventos del TBO; recaudaciones multimillonarias en todas las monedas que cotizan en los mercados de divisas; bandas sonoras con las voces de Louis Amstrong, Carly Simon, Paul McCartney o Sheryl Crow, entre otras; secuencias inverosímiles de acción; títulos de crédito magistrales...
Los filmes de James Bond son el muestrario más completo de la conjunción de talentos comerciales de la industria del entretenimiento: desde los libros y las películas a los discos y las decenas de productos derivados de ese tronco común ideado por lan Fleming. Se podrá ensalzar o denostar el fenómeno, y hacerlo desde cualquiera de las perspectivas que sugiere lo pretendidamente razonable, pero los datos son irrebatibles y lo cierto es que ahora se presenta su película número 19, que la rentabilidad económica será envidiable y que todo ello ocurre 35 años después de haberse estrenado su primer filme. Hablamos, probablemente, del mejor ejemplo de fidelidad intergeneracional a una obra diseñada para triunfar en el mercado de lo impredecible.


























































