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TRIBUNA

En la cama

Estoy acostado ya en la cama [son las siete de la tarde]. No me he dado ni masaje. Me encuentro supermal, tomando una manzanilla. Tengo retortijones, dolor de estómago, algo de diarrea, un poco de fiebre... Nada, lo que faltaba para el chavo. Está aquí Jesús, el médico, calentándose la cabeza a ver de qué puede ser. Se me ha juntado todo. Tengo los mismos síntomas que Orlando, pero creo que podré continuar. Tengo confianza por lo que falta, una contrarreloj, un día llano, un día de descanso. Nada todo un caso de mala suerte: no creo que sea nada raro.Ya empecé a sentirme mal el día de Sierra Nevada. No podía subir, con las piernas duras, pero hoy las he tenido más duras todavía. Así que he ido perdiendo el culo todo el día. Lo he pasado mal, mal. Notaba las piernas con fuerza pero sin energía. En los repechos lo pasaba mal, en el puerto, peor. Todo el día he tenido que ir con el plato grande y el 11, 12, 13 o 14. No he podido meter menos. Me duelen los riñones de tirar de tanto desarrollo. Estoy fastidiadillo. Menos mal que tenemos al médico aquí cerca y él sabe hacer bien su oficio, que es curar.

A Fernando [Escartín] le he pedido que fuera testigo de mi boda y ha aceptado encantado Somos muy buenos amigos desde amateurs. He subido a su casa a entrenarme por los Pirineos, conozco a su familia y él a la mía. Nos llevamos muy bien. Ya me ha dicho que me vaya con él al Kelme, pero eso es otra historia. Lo que no me ha dicho ha sido que me coja a Ferrari de entrenador, y tampoco se lo he, pedido. Me va muy bien con el que tengo.

Bueno, mañana a pasar la contrarreloj, una hora de esfuerzo, y a pensar en recuperarme. Tengo que animarme.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 14 de septiembre de 1997