¡Pobre Argelia!
De las atrocidades que a diario nos sirven los medios de comunicación nada es comparable a lo que sucede en Argelia. Una sorda y cruel guerra sin declarar, fruto de la pobreza, la intolerancia y el fanatismo religioso, diezma y aterroriza a la población.Dos bandos irreconciliables: el poder constituido contra islamistas que en nombre de Alá matan con saña en una espiral de violencia. Un goteo diario de masacres que se ceban en las gentes humildes de los barrios y en los campesinos de las aldeas, donde miles de niños, mujeres y ancianos son víctimas propiciatorias.
Mientras el pueblo se siente abandonado por sus gobernantes y por el mundo entero, ¿qué hacen las grandes potencias (España incluida) y las ONG para parar esta sangría? Y los ciudadanos de a pie, ¿qué podemos hacer ahora que tanto se habla de solidaridad? Cuando los salvadores de turno matan en nombre de Dios o de una causa, los frenos morales desaparecen y lo que ocurre ahora en Argelia mañana puede ocurrir en cualquier lugar. En nuestro país ETA nos lo recuerda a menudo.-


























































