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Un culto de segunda

El patriarca Alejo II dejó ayer abierta la posibilidad de reunirse con el papa Juan Pablo II, pero calificó al catolicismo en Rusia como una religión de carácter regional, sin difusión generalizada y sin tradiciones. Alejo II se expresó así, en una entrevista a la agencia rusa Itar-Tass, durante la visita oficial que realiza a Vilna, la capital de Lituania.Alejo II y Juan Pablo II tenían una cita este año, pero el Sínodo Eclesiástico, uno de los organismos dirigentes de la Iglesia ortodoxa, decidió anular el histórico encuentro, ante la imposibilidad, de superar las discrepancias sobre el "proselitismo" de los católicos en Rusia y la situación en Ucrania occidental, donde los católicos de rito oriental ocupan parroquias antes administradas por la Iglesia ortodoxa.

La condición que Alejo II ha puesto para verse con Juan Pablo II es que la entrevista "esté suficientemente preparada". Pero el patriarca ha reconocido que no hay fechas previstas y además "no se lleva a cabo ninguna preparación intensa de tal encuentro".

Al jefe de la Iglesia ortodoxa le gustaría que en Rusia se produjera una situación como la que él imagina que existe en otros países europeos. "¿Por qué varios países, como Polonia, Italia, España y Portugal, no se avergüenzan de decir que son países católicos, y nosotros, en Rusia, donde el 80% de la población tiene raíces orto doxas, tememos decir esto abiertamente" exclamó Alejo II. El patriarca, que tiene 68 años y que desciende de una religiosa familia noble de Estonia, es considera do como un centrista al que ha correspondido la difícil tarea de maniobrar entre una amplia mayoría conservadora y una minoría liberal.

En época soviética, la Iglesia ortodoxa mantuvo contactos regulares y organizó intercambios con la Iglesia católica y otras confesiones, en el marco del Consejo Mundial de Iglesias (CMI). Hoy, la pertenencia de la ortodoxia rusa al CMI está en cuestión, y la comunicación entre católicos y ortodoxos está más restringida, según un sacerdote ortodoxo, aperturista. En su opinión, las nuevas generaciones de sacerdotes ortodoxos se han formado en un ambiente más cerrado y son más conservadoras que las que se formaron en los últimos años del Poder soviético y se beneficiaron de los contactos estimulados con fines propagandísticos.

La posición aislacionista de la Iglesia ortodoxa tiene hondas raíces culturales en Rusia. Comunistas y nacionalistas ven las protestas internacionales contra la ley de las religiones como una confirmación de las malas intenciones de Occidente respecto a Rusia. Los comunistas votarán para superar en el Parlamento el vetó presidencial a la ley.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 28 de julio de 1997