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El PP se niega a investigar las relaciones económicas entre Enrique Lacalle y De la Rosa

La dirección nacional del PP sigue empeñada en negar cualquier implicación con el polémico financiero catalán Javier de la Rosa, que esta tarde declarará, ante el fiscal anticorrupción por los presuntos pagos del grupo Torras a ese partido. El PP mantiene su tesis de que sólo se ha probado que Enrique Lacalle, ex presidente del partido en Barcelona, pidió ayuda económica a De la Rosa. No se admite que la recibió, pese a las cartas en las que agradece esos favores. Tampoco se ha abierto una investigación interna ni se pide su dimisión como delegado del Gobierno en la Zona Franca.

"El partido no ha cerrado el caso, pero tampoco lo ha abierto. Nos estamos informando y aclararemos cualquier cosa nueva que se plantee", indicó uno ¿le sus máximos responsables.El PP no ha variado de posición sobre este caso de financiación irregular desde la reunión del lunes de la semana pasada de su comision permanente. Entonces se aseguró que la dirección nacional no había recibido jamás una donación de la cuantía en cuestión, unos 500 millones de pesetas entre 1989 y 1991, ni nominal de Javier de la Rosa ni anónima Esa aportación es la que investigan tanto la fiscalía anticorrupción como la titular del juzgado número 3 de la Audiencia Nacional dentro del sumario general del caso Torras.

Los máximos responsables del PP han escudriñado en su contabilidad, tanto en los datos oficiales aportados al Tribunal de Cuentas como a sus auditores internos; han pedido luego balances al actual gerente del partido en Cataluña; han hablado con Lacalle, y han llegado a la misma conclusión que hace una emana la comisión permanente: en 1991 sólo se ingresaron 60 millones en concepto de donaciones, y en pequeñas cantidades. El PP ni investiga ni ha expedientado o sancionado a Lacalle. Eso sí,: "el PP se infoma".

En la dirección del PP han centrado sus indagaciones fundamentalmente en 1991. Piensan que el correo entre Lacalle y De la Rosa sólo aporta implicaciones económicas para la campaña de ese año. Entienden que los otros agradecimientos de Laca lle, fechados en ejercicios anteriores, pueden referirse a otros ti pos de gestiones, no necesaria mente crematísticas. Oficiosa mente están a la que salte en los próximos días o semanas.

Tampoco se han pedido, desde la dirección del PP, demasiadas explicaciones al propio Lacalle. Enrique Lacalle llamó la semana pasada a la sede del PP y habló con responsables de la tesorería y de la organización del partido. Esos dirigentes de segundo nivel en la estructura de mando del PP le instaron a aclarar lo sucedido. Esa tarde Lacalle emitió un comunicado desmarcándose de las acusaciones y unos días después ha especificado incluso, en tono de confesión, que él no era el único que recaudaba, lo que se tradujo literalmente como "pasar el platillo".

Nada que decir

La dirección del PP no tiene nada que decir a este respecto. Lacalle no ha acudido a Madrid a la sede del PP y no ha hablado directamente con el coordinador general. Tampoco ha puesto ni su carné como militante del PP ni su cargo como delegado del Gobierno en la Zona Franca de Barcelona a. disposición de sus superiores. Sobre las cartas rubricadas por Lacalle en las que agradece la colaboración de De la Rosa, un dirigente del PP apuntó:Que responda y dé cuenta él". Sobre las alusiones al vicepresidente económico, Rodrigo Rato, que al parecer, según lo escrito por Lacalle, planteaba problemas para disponer de dinero en aquella campaña, el partido indica que eso es lo normal en clave electoral. El PP sitúa este caso sobre tres patas. A la acusación sobre si hubo o no financiación de De la Rosa, se responde que las cuentas oficiales no la contemplan. El segundo pilar correspondería a si alguien -Enrique Lacalle- se llevó personalmente ese dinero. A esto se contesta que nada se sabe, que las pruebas no comprometen a nadie y que el que debe defenderse es Lacalle. Para salir al paso de la tercera acusación sí son contundentes en la sede central de la calle de Génova. El PP rechaza que tanto el partido como el Gobierno hayan recibido presiones o chantajes y mucho menos que se haya sucumbido a los mismos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 9 de julio de 1997

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