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Estados Unidos confirma la muerte del narcotraficante mexicano Carrillo

No fue un fínal con olor a pólvora, de esos quetanto gustan a los compositores de corridos. Amado Carrillo, el narcotraficante más temido de México, murió en la madrugada del viernes de un paro cardiaco mientras se recuperaba de una liposucción y una cirugía facial. Así lo confirmó ayer la agencia antinarcóticos estadounidense (DEA, en sus siglas inglesas). Las autoridades mexicanas, que "aseguraron" el cadáver, sólo han señalado que "hay indicios" de que el muerto sea, en efecto, Carrillo.

El Señor de los Cielos, como se le conocía popularmente por su capacidad de emplear grandes aviones para transportar la cocaína, había ingresado en un hospital de la Ciudad de México con una identidad falsa. Antonio Flores Montes, el amable paciente de la habitación 407 del hospital Santa Mónica, tuvo realmente mala suerte. Su corazón no resistió una operación de cirugía estética de ocho horas de duración. Poco después de salir del quirófano, sufrió un infarto. Un avión de Aeroméxico trasladó su cadáver a Sinaloa, en la frontera con Estados Unidos, a pesar de que el señor Flores había dicho que venía de Zacatecas.En el ataud viajaba en realidad el mayor capo mexicano y uno de los criminales más buscados por las autoridades de Estados Unidos. Carrillo, de 42 años, dirigía el cartel de Juárez, una organización criminal, que según la DEA, introduce no menos de 200 toneladas de cocaína pura al año en suelo estadounidense, donde las distribuye a través de 12 bandas.

El propio jefe de la DEA, Thomas Constantine, ratificó la información. El capo, indicó, pretendía modificar su fisonomía para huir del cada vez más estrecho cerco policial. Mientras tanto, la Procuraduría General de la República (PGR, a medio camino entre los ministerios de Justicia e Interior) guarda un silencio prudente, que mantuvo incluso después del pronuciamiento de la DEA. Tras comprobar que ni Antonio Flores ni las direcciones que había dejado en el registro existían, la PGR siguió al cadáver hasta Culiacán, la capital de Sinaloa, donde lo confiscó para practicarle una autopsia. De momento, dicen las autoridades mexicanas, "hay indicios" de que el muerto es en efecto Amado Carrillo, pero no lo afirman "con certeza". El perfil que del Señor de los Cielos ha elaborado la DEA es espeluznante: era un asesino a sangre fría, que torturaba, mutilaba o mataba como táctica de negocios. Su falta de escrúpulos y su visión estratégica le permitieron ir ascendiendo desde 1989 hasta convertirse en el capo del narcotrafico.

Para ello, claro está, no le faltó la ayuda de funcionarios clave. El poder de corrupción e infiltración del cartel de Juárez, que tanto asombra a las autoridades estadounidenses, quedó plenamente demostrado cuando el pasado febrero la policía mexicana detuvo nada más y nada menos que al responsable de la lucha antidroga, el general Jesús Gutiérrez Rebollo, que había llegado al cargo dos meses antes rodeado de una aureola de hombre intachable.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 7 de julio de 1997

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