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Entrevista:

"Desde que nací, Madrid está siempre en obras"

Un día antes de empezar a rodar su última película no sabía si sus ojos enfermos le permitirían seguir. Pero La buena estrella es hoy una feliz realidad que ocupa su sitio en la cartelera.Una película romántica sobre unos amores no muy románticos (según sus propias palabras) sacados directamente de una realidad violenta que él transformó en bondadosa y creíble. O, lo que es lo mismo, la historia de tres seres humanos que habían abandonado ese deseo tan simple de tener una familia y un día lo consiguieron, merced al respeto y al azar.

Cercano a los 48 años, el di rector de películas como Pascual Duarte alude al paso del tiempo con frases como "cada siglo que pasa" y dice no entender a quienes sólo ven en él a un hombre pesimista: "Yo me considero positivo. Me encanta la vi da".

Pregunta. ¿No le pareció una locura filmar en su estado de salud?

Respuesta. Me llegaron mensajes de compañeros que, en sus propias palabras, me ,decían:"Vaya huevos tienes". Yo pensaba que huevos tendría si me quedara en casa.

P. Se muestra muy sensibilizado con la bondad.

R. Hace años, cuando hice un documental sobre la pena de muerte y traté por ello a muchos presos, descubrí que hasta en el lugar más inhóspito podía darse uno de bruces con un corazón bueno. Ésa era una de las cosas que más claras vi del personaje que interpreta Antonio Resines: su posibilidad de acceder a la bondad.

P. Ha dicho que una de las cosas que más temía al dirigir era parecer un impostor.

R. Me encanta que me emocione el cine, pero no me gusta cuando eso se consigue por la vía fácil. Quería que fuera una película muy sincera, muy de verdad.

P. Acláreme qué pasó con el guión de Bajo Ulloa y hasta qué punto esta historia está basada en hechos reales.

R. Cuando el productor Pedro Costa me encargó esta película, me dijo que había un guión escrito por Pérez Merinero y Álvaro del Amo y otro guión de Bajo Ulloa que no se podía utilizar por problemas legales. Este no quise leerlo antes, dadas las circunstancias. En cuánto a la historia real, fue muy violenta y basada en la humillación. El personaje de Resines era albañil (y no carnicero) pero sí estaba castrado. Los otros personajes jamás vivieron en un orfanato.

P. ¿Ve Madrid distinta, después de su enfermedad?

R. A mí, físicamente, me encanta. Los edificios, las casas... Sé que es caótica, pero también me gusta el caos. En realidad, lo que he notado es que la tradicional simpatía de esta ciudad se nota menos. Ahora y desde que nací, Madrid está permanentemente en obras. Antes, cuando veía bien, no me importaba nada; ahora voy tropezando con agujeros, con vallas...

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 26 de junio de 1997

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