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CARTAS AL DIRECTOR

Me voy

Soy nacido en Madrid, mis padres nacieron en Madrid y mis abuelos también. Y sin embargo me voy de aquí, porque ya odio a esta ciudad. Una ciudad con una Policía Municipal que no me, protege (sólo sabe multar), un Ayuntamiento ávido de dinero y un alcalde que se pasea por las verbenas diciendo lo bien que va Madrid (¿les suena?). Y la realidad es que esta ciudad es un caos de ruidos, delincuencia, cacas de perro y otras basuras.En los últimos meses, con una frecuencia inusitada, recibo multas casi semanalmente. Ante este hecho y teniendo en cuenta que la Administración es juez y parte en los procesos administrativos, sólo me queda este recurso de pataleo y largarme de una ciudad en la que ya no tengo sitio.

Mi único contacto con la Policía Municipal ha sido recoger el coche del depósito de la grúa. Nada de protección cuando me han atracado, o de diligencia ordenando el tráfico, o de cordialidad con el ciudadano. Sólo prepotencia y avidez recaudatoria. Y que no digan que ellos cumplen órdenes, porque existe algo llamado sentido común que las personas llevan dentro y que debe estar libre de la presión que una jerarquía pueda imponer.

Se ha llevado mi coche la grúa sin estorbar a nadie, sin impedir la buena marcha del tráfico, sin motivo real alguno, pero efectivamente incumpliendo alguna norma legal. Ahora hasta si te pasas un rato en la zona de ORA también pueden usar la grúa (claro, el señor Manzano y otros ciudadanos de primera no necesitan aparcar ahí).

Cuando he llegado y el coche no estaba, no sabía si me lo habían robado o se lo habían llevado, pues estos señores no dejan rastro alguno de su trabajo y hasta que el vehículo no llega a algún depósito no se sabe nada de él (¿para qué les sirven las emisoras?). Además te cobran 17.000 pesetas por un rato de grúa y después la multa. Si yo cobrara a ese precio la hora en mi trabajo sería millonario. Un día me multan por hablar por teléfono en el coche. Lo recurro y me contestan que no sería un teléfono, que sería una radio (me da la risa, el caso es cobrar algo).

Es su palabra contra la mía, pero la mía no vale nada. No tienen que demostrar absolutamente nada. Están por encima del bien y del mal. Así que, señor alcalde, lo ha conseguido: me iré a tierras más hospitalarias con los madrileños.-

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 25 de junio de 1997