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Crítica:MADRID EN DANZA

Recuerdos íntimos

Siempre que se trata de homenajear en la ficción a un personaje real, histórico, el asunto se hace difícil sobre el escenario, y se plantean muchos problemas de rigor y de sensibilidad. Carmen Amaya es una leyenda y al mismo tiempo una cumbre estética del flamenco escénico más racial y recio, potente y terrenal. No dejó escuela, sino más bien una estela de su originalidad y su brío.Luísillo tiene recuerdos personales de aquella pequeña mujer, de su danza, pues trabajó junto a Carmen Amaya en los comienzos de su carrera de bailarín; ella, grande de las grandes, a no dudarlo le influenció lo suyo, y así prologa su remembranza con el ruido del mar, sensible a un concepto de ballet flamenco arcaico, tan ritual como clasicista en su género.

Teatro de Danza Española Luisillo

La leyenda de Carmen Amaya. Coreografía: Luisillo; guión: Alfredo Mañas; música:. Luis Pontini. Centro Cultural de La Villa de Madrid. 4 de junio.

Sobre un agradable vestuario de miscelánea en la mujer, como si fueran muchas cármenes, los coros se puntean unos a otros y a veces se alargan demasiado. Hay acentos de antes, plantes violentos, a veces demasiado duros o quebrados, intentando traer hasta hoy una fuerza que en sí mismo el estilo -o los estilos del flamenco- han suavizado.

Demasiadas palabras

Los solistas se empeñan en rodear sus danzas de hondura, y a veces lo consiguen, pero otras, quizá por juventud, quizá por entender de una manera demasiado plana la virtud concéntrica del flamenco, se enredan en un tejido que no les ayuda demasiado, y demasiada palabra en el guión de Mañas, exceso de diálogos y literalidad para un espectáculo de danza.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 6 de junio de 1997