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CARTAS AL DIRECTOR

Yo también...

Soy el cerebro de los GAL. Yo también... soy el cerebro de los GAL... Y así ad infinítum deberíamos llevar una pancarta con el eslogan, mitad delante y mitad detrás, los más de 300.000 afiliados al PSOE y más de nueve millones de ciudadanos y ciudadanas que votaron en las elecciones generales al Parlamento español, el 3 de marzo de 1996, al cabeza de lista del partido socialista, Felipe González.No puedo comprender que se repita la argucia de mezclar el todo con las partes y hacer que la vida social se transforme en judicial, "de yo te denuncio en el juzgado porque sí, porque difama que algo queda, y yo te denuncio porque me denuncias ...".

En España hemos trabajado muchas mujeres y hombres, incluso jugándonos la vida en los años sesenta, para conseguir una democracia, cuyas características se basan en la normalidad jurídica, el aburrimiento administrativo, el dinamismo juvenil y de las ONG, la educación, la sanidad, la riqueza empresarial, la redistribución social... y un largo etcétera que nos iguale a las democracias históricas de Europa.

Si al calumniar en España y decir que Felipe González es el cerebro de los GAL y que el PSOE está manchado de sangre no se levantan ampollas en la piel de toro, puede ser por muchas razones, entre las cuales está la táctica de la denuncia por la denuncia, la de matar al mensajero y la premonición que se cumple, máxime en una sociedad que no se sabe quién es quién, sino lo que parece ser.

Mi abuelo, médico de Malagón, se revuelve en su tumba por tener una nieta que aplaude a las "hordas rojas" que le fusilaron, y mi padre, médico forense de Alburquerque, me recordaría: "Aquí en casa no se habla de política". Espero que no sigan con las manchas de sangre en la boca sin pecado aquellos que piensan que todo se limpia en el confesonario. Yo quiero una España democrática como el mejor regalo para mis hijos y futuros nietos, por ello acepto y respeto las opiniones adversas, porque al final el voto de las urnas nos iguala a todos y a todas. Quiero y ruego que se salga de la UVI política de las denuncias maximalistas de los poderosos, pues creo que todas las personas de bien nos merecemos un respeto.-

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 24 de mayo de 1997