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El refugio del guerrillero

La casa de acogida de saharauis de Getafe cumple un año entre el dolor y la esperanza

Hafdala Aliyen tiene 50 años, pero su cara demacrada y hendida por la inconfundible huella del sufrimiento le hace aparentar bastantes más. Aliyen vive en Getafe (143.000 habitantes) desde septiembre, al frente de un chalé de acogida compartido con otros siete adultos y cuatro niños, pero su mente sigue unida de manera inexorable al desierto, varios miles de kilómetros más al Sur. Allí dejó todo lo que tenía, su hogar y buena parte de la familia, arrebatada a golpe de fuego y plomo. "Somos un país que sólo conoce de piedras, sed, hambre, enfermedades, napalm [una sustancia incendiaria], campamentos ardiendo y matanzas de mujeres y niños", enumera en un castellano trabajoso pero terriblemente expresivo. Y a Hafdala, guerrillero del Frente Polisario curtido en mil batallas, en una inacabable travesía a pie desde el Sáhara hasta Argelia, se le empañan los ojos de lágrimas incontrolables.El Ayuntamiento de Getafe celebraba ayer el primer aniversario de este piso, cedido en el barrio del Sector III y en el que sus ocupantes, enfermos y heridos de guerra, cuentan con las atenciones de la Cruz Roja local hasta su recuperación. También Fuenlabrada (164.000 habitantes) tiene desde 1991 dos pisos de estas características en la calle de San José, donde enfermos y familiares disponen de comida y alojamiento. Los heridos terminan siendo operados en distintos hospitales madrileños. No así el de Getafe, donde la gerente, Concepción Vera, aduce problemas burocráticos.Pese a los esfuerzos de la Administración, hay veces que rehacer la vida se torna complicado. Lo intuye el viejo Hafdala, obsesionado ahora por aumentar su familia -tiene ya seis hijos, pero anhela varios más- "para tener más efectivos con vistas a la independencia". Un tanque e quemó los muslos de ambas piernas, pero el olor de sus carnes escuetas y maltrechas ya o le corroe. "Es peor recordar que me echaron de mi casa".Los más jóvenes sirven de perfecto contrapunto a su congoja. Ahí estaba Mansour, de 10 años, que cuando le presentaron a Pedro Castro exclamó: "Yo también quiero ser alcalde. Debe de ser bastante descansado". O Milka, una niña de mirada preciosa, que anda tan inquieta por el partido del sábado ("soy del Barça porque me gusta Guardiola") que casi ha olvidado su infección estomacal. O Yahadi, de 14 años -"yo, del Madrid, ¿eh?"-, que sueña con estudiar Derecho algún día "para hacer el juicio contra Hassan II". Sólo ellos pueden conservar un atisbo de inocencia, aunque Milka, con sus, 10 añitos escasos, ya hable con un aplomo estremecedor. "A España y a Argelia les debemos la vida y la comida. Si no fuera por vosotros, estaríamos muertos", explicó sin pestañear.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 7 de mayo de 1997