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Crítica:CIRCO LOS RALUY
Crítica

Belleza antigua

Los hermanos Raluy, la familia Raluy completa -cuatro generaciones-, han creado un circo sin violencia, sin miedo: diestro, listo, hábil. Es, dicen, un museo: los carromatos han ido siendo adquiridos como antigüedades y se han restaurado, no solo en su belleza, sino también en sus condiciones de seguridad y de habitabilidad. La pista y la cúpula de lona están ornamentadas con motivos circenses antiguos, y los trajes están, también, tomados de las antiguas ilustraciones o de los museos.Todo esto le convierte en ejemplar, y en España se ha tenido en cuenta y ha obtenido el Premio Nacional de Circo. Lo merece más que otras grandes instalaciones, otras exhibiciones de espectáculos deslumbrantes: a las cuales, claro, no hay que desdeñar. Pero la gracia peculiar de este circo no la tiene nadie.

Circo-Museo Raluy

Familia Raluy. Madrid, Templo de Debod (Ferraz-Rosales).

Los números son los clásicos de destreza y gracia. Los payasos, la funambulista, la trapecista... A veces tienen las mismas caras, y es que son las mismas personas: y puede ocurrir que nos las encontremos, también, en el descanso, enseñando las caravanas -se pueden visitar- o, más sencillamente, vendiendo perritos calientes en uno de los bares.

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